Ya en anteriores ocasiones habíamos tenido la ocasión de remontarnos a los orígenes de una de esas jóvenes hermandades de la Córdoba Cofrade que, a pesar de su relativamente corta trayectoria, nos ha ido dejando en las últimas décadas con imágenes, anécdotas y momentos únicos con las que ha conseguido engrosar el álbum de fotografía de nuestra Semana Santa y sumarse a las páginas de su extensa historia.
Nos referimos, desde luego, a la cofradía de la Santa Faz que comenzase a gestarse en el año de 1982 bajo el título de Hermandad de Penitencia de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima del Perdón, intentando, en un primer momento, establecerse en la parroquia de Cristo Rey, en la que, sin embargo, fue imposible asentarse tras la negativa recibida por parte de ésta ante la idea de ser la sede de la recién creada hermandad. Así las cosas, la cofradía encontró en la Iglesia de San Juan y Todos los Santos el que habría de ser su templo y donde comenzar a dar los primeros pasos cambiando más tarde su título al de Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Santa Faz y María Santísima del Perdón.
No obstante y tal y como ya recordábamos recientemente, la corporación de la célebre Trinidad no se constituyó en torno a la efigie del dulce nazareno que todos conocemos, sino que en sus orígenes, la imagen titular de la joven cofradía fue la de otro nazareno del siglo XVIII que residía en la céntrica parroquia, cedido y confiado a la hermandad por parte del entrañable y siempre recordado párroco, Antonio Gómez Aguilar.

Tras incorporar dicho nazareno a la hermandad, el avanzado estado de deterioro en el que se encontraba hizo necesario que la talla fuese sometida a un delicado proceso de restauración encomendado a Antonio Rubio y Andrés Valverde y que encontró un gran obstáculo en el trabajo de conservación de la cabeza y las manos originales. Una vez finalizada la fase de rehabilitación de la imagen, el primitivo Señor de la Santa Faz era bendecido el 30 de enero de 1983, aunque no todo quedó aquí ya que el título que ostentaba la hermandad obligaba a la escenificación del mencionado pasaje, para lo que la cofradía se puso en contacto nuevamente con Antonio Rubio para la ejecución de la Verónica, siendo ésta finalmente bendecida en la fecha del 3 de marzo de 1985.
Así y todo, la corporación aún debía pasar otro examen por parte de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, a la que se le solicitó el ingreso con el objetivo último de poder cumplir su sueño de realizar estación de penitencia por las calles cordobesas. Una labor que en principio no resultó nada fácil, ya que la Agrupación no consideraba de suficiente valor artístico a las citadas imágenes de la Hermandad de la Santa Faz y fue necesaria una segunda intervención de Antonio Gómez Aguilar como mediador– argumentando lo contrario – y el apoyo de los entonces hermanos mayores de otras cofradías como la del Huerto, la Buena Muerte y la Esperanza. Gracias a los esfuerzos de éstas personas sumados a los de la propia corporación del Martes Santo, la Santa Faz pudo ver al fin realizado su deseo con su primera salida desde el local sita en la Calle González López, cuya propiedad pertenecía a los colegios de la Santísima Trinidad.
Solo procesionó el antiguo nazareno cobijado en la Trinidad hasta la consolidación de la cofradía durante las jornadas del Martes Santo de 1986 y 1987, pues tras ellas la hermandad decidió llevar a cabo un cambio que pasaba por dos nuevo encargos el 22 de noviembre de 1987. Para esa empresa, la corporación depositó su confianza en el imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque, a quien se le pidió una nueva talla del Señor, así como en uno de los miembros de la Hermandad de la Santa Faz: Antonio Salto, quien estaba llamado a ser el autor de la nueva Verónica. Ambas imágenes serían bendecidas por el obispo Infantes Florido el 20 de marzo de 1988, fecha en la que comenzaba a configurarse la nueva hermandad en la que habría de convertirse la Santa Faz.
Una vez materializados los deseos de la cofradía de la Trinidad, el nazareno de Antonio Dubé de Luque se ponía en las calles de la ciudad califal con la sola compañía de la Santa Mujer Verónica, como demuestra la fotografía que da pie al presente artículo – tomada bien durante su primera estación de penitencia –, en la que podemos observar al entonces único paso de la hermandad a su paso por la Parroquia de San Miguel, con el titular de la cofradía luciendo una sencilla túnica morada sin bordados sobre un paso, con faldones negros y aún sin concluir que pasaría a la historia en 1991, momento en que si iniciase inmediatamente después de concluir la Semana Mayor cordobesa el tallado de uno nuevo de misterio. Así pues, aquella obra primitiva que apreciamos en la instantánea indicada terminaría por venderse a la hermandad sevillana de San Ignacio de Loyola de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora del Rosario Doloroso.
Ese período de renovación concluiría pues en el citado año de 1988 con la inclusión de la Verónica como titular – que requería una modificación de los estatutos – a la que se añadía la desaparición de la anterior advocación de María Santísima del Perdón para ser sustituida por la de María Santísima de la Trinidad. Así, la corporación iniciaba una nueva etapa que culminaba con la realización del resto de las figuras que debían completar el paso de misterio: la de las Santas Mujeres, también ejecutadas por Antonio Salto.
Con Ellas, la configuración de la escena de la Santa Faz se vería al fin completa, dando lugar a la hermosa escena que podemos contemplar junto a estas líneas, inmortalizada a comienzos de la década de los 90, como cabe deducir por el nuevo paso que, por aquel entonces, se encontraba en pleno proceso de factura. Cabe destacar asimismo la presencia de dos de las ya mencionadas Santas Mujeres que, posteriormente, se pondrían en el objetivo de los miembros de la hermandad quienes, tras la celebración de un Cabildo Extraordinario, decidieron dar la advocación de Santa Marta a una de las tallas del grupo escultórico. Este hecho se consumaría con la factura de la imagen por Antonio Salto, su consiguiente bendición en el año 2000 y la modificación del título de la cofradía por el de Hermandad Penitencial y Cofradía de Nazarenos de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo Nuestro Padre Jesús Nazareno en su encuentro con la Santa Mujer Verónica y Nuestra Madre y Señora María Santísima de la Trinidad y Santa Marta.
De conformidad con esa intención dar un nombre a las mujeres que cada año acompañaban al dulce nazareno en su estación de penitencia del Martes Santo, la figura restante del misterio se convertiría, por su parte, en María Magdalena.
Con las descritas fotografías y la inmersión en el contexto en el que fue realizada cada cual, volvemos a ser conscientes, una vez más, de la incuestionable influencia que ejerce el factor del tiempo sobre la realidad de nuestras queridas hermandades, dándonos la perspectiva necesaria para juzgar por nosotros mismos las distintas fases y la evolución que ha experimentado – y continúa experimentando – la Semana Santa de Córdoba.





