El Capirote, Opinión

La Semana Santa del postureo

Dos años privados de cortejos por las calles para retomarlos en menos de un mes. La Semana Santa tal y como la hemos conocido volverá a derramarse por las calles de la ciudad. Y pocos dudan de que también acabarán desparramándose los que esperan que llegue para lucir su propio ego aprovechándose de lo que la celebración religiosa promueve.

Así que, como consejo, no se lleven las manos a la cabeza si se encuentran con exceso de estrenos el Domingo de Ramos entre el personal. Porque después del bienio sin hacerlo aquí acabará con traje de etiqueta hasta el runner más madrugador. Si antes era viral la devota que no había quitado la etiqueta del vestido para poder devolverlo al día siguiente e intentaba sin éxito metérsela entre las mangas ahora podría ser tan habitual que ni acabe despertando interés.

El boom de nazarenos será otra constante después de la pandemia. Tantos titulares sobre el anuncio de una masificación que habrá que ver si se cristaliza, porque sacarse papeletas es el comienzo pero el resultado final se verá cuando aparezcan realmente en el templo el nazareno que quiere formar parte de los cortejos.

Pero el postureo no solo estará de puertas hacia afuera. ¿O qué esperaban? Ya hay capataces ensayando el saludo y el núcleo duro de cierta hermandad se debate entre enviar a los medios el número real de nazarenos que forman sus filas o potenciarlo quién sabe para qué fin. Y respiran tranquilos sabiendo que los conteos por parte del Consejo siguen ahí, arrumbados, como otras tantas cuestiones que se quedaron en el limbo.

A los fotógrafos les ha dado tiempo para comprar nuevos trípodes, pértigas y hasta escaleritas. Así que veremos flashazos impertinentes que nos tirarán de bruces a la realidad, impidiendo que nos adentremos en la magia de un nuevo anochecer, de unos palios por los callejones buscando sus templos o una amanecida de Viernes Santo antes de regresar a casa con un cartucho de calentitos.

¿Y qué me dicen de quienes últimamente la liaban? Tendrán más ganas que nunca de toser cuando les alcance el incienso del Silencio, de llamarse unos a otros en medio de un cortejo de las de negro para que les suene el móvil y despertar las risas, otra novedad que ya creíamos olvidada. ¿Piensan que no volverán a impedirles pasar los que creen que la acera es suya? Se equivocan, tendrán más ganas de gritar que antes -que no eran pocas-. Así que preparémonos para una avalancha de cruces, dimes y diretes, de saludos entre coleguitas que después no se pueden ni ver, de vivir de cientos de realidades que cada vez se alejan más de aquello que nos recuerdan cada Miércoles de Ceniza y que nos repite la ciudad cada Sábado Santo.