La Virgen de las Nieves de San Isidoro

Desde aquella nevada acaecida en el Monte Esquilino, una de las siete colinas de Roma, han pasado más de mil seiscientos sesenta años. A pesar de la distancia la devoción a la Virgen de las Nieves sigue en pie en no pocas zonas de Andalucía. Cada cinco de agosto se conmemora un milagro que recuerdan hermandades que tienen entre sus titulares esta advocación nacida en Roma. Extendida en el siglo XIV a toda la ciudad eterna, sería San Pío V quien la declarase fiesta universal en el siglo XVII.

En Sevilla, la Virgen de las Nieves más conocida aguarda en Santa María la Blanca, en la judería. Más desconocida es la imagen que se encuentra en la Parroquia de San Isidoro, y que actualmente es titular de la Hermandad de las Tres Caídas, siendo anteriormente de la antigua Hermandad Sacramental de dicho templo. Su salida procesional se produce el domingo posterior a la celebración del Corpus Christi, siendo uno de los tres pasos que conforman el Corpus de San Isidoro. Además, para la corporación del Viernes Santo el curso cofrade se inicia en septiembre con una misa en su honor.

En cuanto a la imagen, de candelero, sigue el modelo de la “Theotokos”, sedente, con el Niño Jesús en su regazo y donde la Virgen se presenta como trono del redentor. Para conocer mejor su morfología hay que situarla dentro de las imágenes marianas fernandinas. Casos como el de la Virgen de los Reyes, Aguas del Salvador, Reyes de San Ildefonso, etc., son ejemplos para tener en cuenta a la hora de abordar los diferentes aspectos relativos a esta imagen letífica que forma parte de la Hermandad de San Isidoro desde que en 1975 se fusionara esta con la Sacramental.

Según los expertos, la imagen habría sido realizada en fechas anteriores al Barroco, aunque sufriría diversas modificaciones a lo largo de su dilatada historia, sobre todo en esta etapa. De autor anónimo, de especial importancia son las coronas de ambas imágenes, ejecutadas en plata en el siglo XVIII. Gracias a un inventario de 1775, se recoge que la Virgen cuenta con un ajuar donde destaca una corona de plata sobredorada con ráfagas de veinte estrellas. Por su parte, en el de 1860 se describe que la Virgen está sentada “en un sillón de madera con fietes dorados, con cojín de damasco carmesí”. La comparación entre ambos archivos siempre la duda de si la Virgen en un principio era erguida, adaptándose para ir sentada.

En cuanto a las restauraciones, la documentación muestra que fue intervenida en 1783 por José Tiburcio González, quien recibió ciento ochenta y dos reales y ocho maravedíes por recomponerle el rostro y ejecutarle un nuevo verdugado. Francisco José de Morales policromó rostro y manos, obteniendo por el trabajo realizado cien reales de vellón.

La imagen llegó a contar con gran fervor, como demuestra el ajuar que posee. Entre otras piezas, una media luna de plata en referencia al carácter concepcionista de la Hermandad o la vestimenta de color morado que se le entregó en 1771, año en el que el Niño recibe un vestido de tela blanca y unos zapatos de plata sobredorada. Tan solo dos años más tarde entra a formar parte del ajuar, por donación de Doña Josefa Moreno, un vestido de tela blanca. Con todo lujo de detalles la corporación conserva la descripción del palio realizado en 1610 por el platero Miguel Sánchez, considerado el más antiguo de los conservados en la capital hispalense. Veinte años más tarde Sebastián Ramírez diseña los faldones. Las bambalinas contenían referencias a San Isidoro, San Leandro, San Laureano, San Hermenegildo y las santas Justa y Rufina. También se incluyeron a San Sebastián y San Roque, santos muy venerados por la Sacramental del templo.

Aunque es tradicional verla bajo un palio de tumbilla, antaño llegó a contar con uno de cajón, que otorgaba mayor austeridad al conjunto. En cuanto al actual, fue estrenado en el Corpus de 2008, año en el que la corporación del Viernes Santo decide que la imagen procesione en la radiante mañana del domingo del Corpus. Los Hermanos Delgado fueron los artífices de la orfebrería del nuevo paso mientras que la carpintería corrió a cargo de Juan Amador García Casas. Por su parte, Manuel Solano y Casa Rodríguez hicieron lo propio con los faldones y el palio de tumbilla. Del anterior paso la corporación decidió rescatar los bordados antiguos, que se conservan en el actual techo.

La Virgen de las Nieves se encuentra en la capilla sacramental, presidiendo un retablo que es por sí solo una de las grandes joyas barrocas de la ciudad. Ejecutado en el siglo XVIII, la imagen aparece en el centro acompañada por San Sebastián y San Roque, dos santos a los que la Sacramental dedicaba dos misas al año, en el día de su onomástica, con la finalidad de que se librase a los cofrades y vecinos de la collación de la peste. El Niño Jesús pudo ser admirado durante la exposición en el Círculo Mercantil que la Hermandad montó en 2013. Bajo el título “San Isidoro: el presente de una tradición”, una de las salas se dedicó al carácter sacramental de la corporación. Un rico patrimonio del que la Virgen de las Nieves es una de sus grandes joyas.