El universo cofrade ha vuelto a ser objeto de la ira irracional y miserable de quienes odian todo aquello que no comprenden. Un nuevo ataque perpetrado contra una hermandad penitencial que debe ofender a todos los cofrades, a todos los cristianos y, por extensión, a todos aquellos que aman la libertad y la defienden frente a quienes evidencian su comportamiento antidemocrático y totalitario. En esta ocasión ha ocurrido en la ciudad de Málaga donde una repugnante pintada ha aparecido bajo el retablo cerámico de María Santísima de las Penas titular mariana de la cofradía homónima. Una pintada con un mensaje deleznable y sacrílego que pretende insultar las creencias más íntimas de miles de malagueños.
Un nuevo ataque que supone una reiteración más en esta escalada de violencia que venimos sufriendo los católicos y los cofrades españoles en los últimos años, perpetrados por un sector perfectamente definido y concreto de la sociedad que actúa desde la impunidad, amparados en una presunta libertad de expresión que nada tiene que ver con sus insultos y jaleados sistemáticamente por determinados grupos políticos de extrema izquierda, que no solamente otorgan su comprensión ante semejantes muestras de odio y faltas de más elemental respeto sino que incluso conceden a los miserables que las practican amparo jurídico, legal e incluso económico, como ocurriese con el deleznable montaje del que fue objeto el Despojado de Jaén, que terminó con una multa por condena y una reveladora campaña de captación de fondos por parte de Podemos, para «ayudar» al condenado.
Es hora de levantar la voz, de defender nuestros derechos y nuestra libertad contra todo pensamiento sectario y totalitario que pretenda acabar con nuestras creencias. Es momento de defenderse, acudiendo a los tribunales cuando sea preciso, y poniendo los medios necesarios para que este tipo de ataques cesen de manera inmediata. Nuestra libertad está en juego.





