Para la gran mayoría, los sollozos del apóstol recordarán a una de las plantas más extendidas en el viejo continente. Sin embargo, en Sevilla ese lamento es sinónimo de música. Durante el 28 y 29 de junio volverán a escucharse las ‘Lágrimas de San Pedro’ desde la Giralda, una tradición recuperada a mediados de los ochenta y que hunde sus raíces en el siglo XV.
“Y Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: antes de que el gallo cante me negarás tres veces. Y saliendo fuera lloró amargamente” (Mt. 26:75). Los evangelios recogen este momento, el cual tuvo lugar en el atrio de la casa de Caifás, cuando el apóstol negó tres veces a Jesús. Se trata de un pasaje que no pasa desapercibido para los sevillanos, fecha señalada en el calendario de las tradiciones de la ciudad.
Cuando el infante Don Fernando regresaba hacia Sevilla tras la conquista de Antequera, a principios del siglo XV, se decidió llevar a cabo la celebración de esta hazaña. Fuegos y repiques de campanas por las collaciones de la ciudad. Diversión y música hasta altas horas de la madrugada. Tal fue su importancia que los canónigos de la catedral donaron incluso bienes con tal de que pudiera realizarse lo que ya se había convertido en una seña de identidad. Sin embargo, casi una centuria más tarde, en 1629, se toma la decisión de que solo se permitan las hogueras la noche previa a la festividad de San Pedro, por lo que las actividades se redujeron considerablemente.
El devenir de los tiempos reconfiguró esta costumbre, pasando los sollozos del que sería el primer Papa de la historia a convertirse en toques de cornetas desde la torre más alta de la ciudad. Aunque la tradición sufre un paréntesis en los años centrales del convulso siglo XIX ― de 1839 a 1865 ―, se reanuda durante los años previos al estallido del sexenio democrático. Ininterrumpidamente se interpretan hasta 1961, cuando cesa esta costumbre. Sin embargo, en 1986 es recuperada por Rogelio Gómez, empresario hostelero, Federico María Pérez Estudillo, canónigo por aquel entonces del templo metropolitano y Eusebio Álvarez, quien fuera director de la Banda del Sol. Seis clarines y quince segundos de una melodía que recorre las cuatro caras de la Giralda, comenzando por la que mira hacia los Reales Alcázares, continuando por la parte que da hacia el Aljarafe, prosiguiendo por aquella desde la que se divisa desde la plaza de San Francisco y finalizando por la cuarta cara, la que se observa desde la plaza Virgen de los Reyes.
De hecho, la banda de Nuestra Señora del Sol ha recuperado varias tradiciones, como ‘Los gozos de la Inmaculada’, realizados el ocho de diciembre desde la iglesia de San Antonio Abad, y ‘Los gozos de San Teodomiro’, que cada último fin de semana de julio suenan en Carmona en honor al patrón de dicha localidad. La primera de ellas no se celebraba desde 1674, mientras que la segunda se rescató después de un paréntesis en 1994. Un año más tarde, gracias a la colaboración de la formación musical y la junta de gobierno de la hermandad de La O, vuelve a celebrarse ‘La candelá de la Virgen’, costumbre que se celebró desde 1616 hasta 1886.
El próximo día 28 a las doce de la noche comenzarán a sonar las ‘Lágrimas de San Pedro’ desde la torre campanario de la catedral. El silencio se romperá con los pasos de aquellos que se postrarán ante la Virgen de los Reyes. Después, uniformes azules desde el Plantinar tocarán a la medianoche. Volverán a interpretar estos toques el día de la onomástica del santo a las nueve y media de la mañana, y a las doce del mediodía, en recuerdo de las tres negaciones del apóstol. Mientras tanto, siete alabarderos de la Banda de Nuestra Señora del Sol montarán guardia en la puerta de Palos y, una vez finalizados los toques, tanto el cuerpo de clarines como el de alabarderos se encontrarán a los pies de la Giralda para realizar el camino de vuelta, cuya primera parada será a los pies de la patrona de la archidiócesis.





