Las incógnitas en torno a Nuestro Padre Jesús Nazareno

Si ya en anteriores publicaciones analizábamos la iconografía y variaciones a lo largo del tiempo en los crucificados cordobeses a través de imágenes tan devocionales y representativas como las del Cristo de las Mercedes, San Álvaro, las Penas o la Misericordia, entre otros, resulta inevitable hacer lo propio con la figura del nazareno.

En este sentido, la representación de Jesús con la cruz a cuestas – de acuerdo con el ya mencionado espíritu de Trento y con el gusto de las hermandades andaluzas hacia mediados del siglo XVI – se ve fielmente llevada a la práctica en la mística talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Sin embargo, el análisis de dicha imagen ya ha dado algún que otro quebradero de cabeza al tratarse de una talla de gran complejidad teniendo en cuenta su particular estética – que nada tiene que ver con la clásica de los talleres cordobeses – y la iconografía.

Nos consta que la longeva Cofradía de Jesús Nazareno, desde su fundación y la consiguiente aprobación de sus reglas en el año 1579, rindió desde sus comienzos a una imagen titular de Cristo con la cruz al hombro. No obstante y como ya hiciésemos referencia en un artículo anterior, existe un documento perteneciente a un inventario de bienes de 1728 en el que se manifiesta que la actual talla del Nazareno era, originalmente, una imagen de Jesús Amarrado a la Columna que, luego, fue adaptada para portar la cruz, hoy de plata y realizada por el platero Francisco Parias en 1859. 

Esa afirmación se refuerza por completo al observar al sereno Nazareno desvestido, pues su estudiada y cuidada anatomía pone de manifiesto que la hermosa imagen fue concebida para no ir cubierta con túnica alguna. Así, el titular de la añeja hermandad que, en realidad se encuentra en una postura insegura, presenta en su torso una llamativa musculatura dando lugar a un conjunto capaz de reunir tanto unas evidentes características primitivas como la arriesgada expresividad del Manierismo.

Así y todo, aún llaman la atención una serie de rasgos absolutamente desconocidos en la Córdoba de siglos pretéritos, rasgos que se traducen en formas de gran impresión visual pero de escasa sofisticación, ya que el estudio nos presenta a un imaginero más bien habituado a tallar en yeso, lo que nos lleva a pensar en uno de los múltiples artistas que participaron en los monumentales y laboriosos trabajos de las bóvedas del coro de la Catedral. 

A la búsqueda de la identidad del posible autor de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se hallaron, en un principio, razonables similitudes entre este y otras imágenes realizadas por el imaginero alemán Matías Conrado, muy activo en nuestra querida ciudad califal en el período comprendido entre los años 1615 y 1627. Su fama se acrecentó gracias a su implicación en el inigualable templo catedralicio así como por su colaboración con otra serie de artistas que pusieron su destreza al servicio de la antiguamente selectísima Cofradía de Jesús Nazareno.

Asimismo, los intrigantes orígenes del titular de la corporación del Jueves Santo cordobés nos conducen a ubicar su ejecución entre los siglos XVI y XVII, concretamente entre 1570 y 1620, debiendo destacar, eso sí, sus transgresores rasgos, lo que hace pensar que, tal vez, lo más acertado sería pensar en una fecha más tardía de realización. 

Volviendo a su autoría, la del Nazareno es una de esas tallas eternamente perseguida por el misterio que envuelve al imaginero en cuestión, aun cuando, tiempo ha, quisiese verse tras Él la mano de Matías Conrado – o una conexión con su taller – con una innegable influencia del estilo nórdico y, posteriormente, la de Andrés de Ocampo – sin duda la de mayor aceptación en los últimos tiempos – e incluso la del mismísimo Pablo de Rojas.