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Opinión, Racheando

Llévame otra vez

Cada año, en Viernes Santo, sueño contigo, que me despertabas por la mañana para desayunar rápido e ir a la procesión del Encuentro, como siempre, de punta en blanco.

Tu mano grande y fuerte de toda una vida trabajando sujetaba la mía durante todo el camino hacia la plaza de la Encina, a través de una ciudad que hoy apenas se reconoce en comparación a como la conocías. Sobre tus hombros y el mar de nazarenos negros que inundan la Plaza, me siento el más privilegiado, el más importante, aunque no tanto como tú eres para mí.

Esta tarde, después de comer toda la familia, iremos todos, mi padre el primero, a la procesión del entierro, y agarrado a ti y a él veré pasar a los nazarenos de la capa, mientras los tronos con las imágenes del Señor llegan, no puedo dejar de sonreír entre las bromas que se gastan las abuelas, una con el gracejo extremeño y la otra con la ironía gallega, mientras me abruma la seriedad – cuando quiere – de mi abuelo Custo.

Llevame otra vez, abuelo, aunque sea en sueños, a ver cada año las procesiones contigo. Un sueño en el que estéis todos, como fue siempre. Gracias por tanto que me disteis, por lo que me enseñásteis, no sabéis lo que os echo de menos, y más hoy, siendo el día de los abuelos.

Cuídenlos, cada día, cada momento que pasen con ellos, aprendan de ellos todo, porque nadie puede enseñarnos tanto en la vida y solo a través del amor incondicional de un abuelo.

Feliz día a todos los abuelos, pero en especial a Ana, Custo, Carmina y Fernando, los mejores que se podría tener.

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