Cruz de guía, Opinión

Los más tontos de España

Decía el protagonista de una aclamada película que «tonto es el que hace tonterías». Similarmente, en Andalucía hemos dado cuenta de esta máxima a lo largo del transcurso de la pandemia. Una máxima que, sin más dilación, podemos achacarnos los cofrades en la manera de tragar con cualquier medida que las autoridades sanitarias quieren implantar en el seno de nuestras Cofradías.

Y es que hoy ha sido el día. El día en el que el señor Aguirre, Consejero de Sanidad de Andalucía, ha vuelto a dar la talla con otra batería de sus grandes propuestas «coherentes», esta vez en el ámbito de la costalería y de los hombres de trono. Unas proposiciones desgajadas en un decálogo, cuyo borrador ya fue publicado, y que si bien muchas carecen de concatenación. Un total de diez propuestas emitidas, parece, con afán de alcanzar un número simbólico, que con más que leerlas nos conducen a la incomprensión y a la absurdez más absoluta de quien no conoce el mundo que existe debajo de los pasos.

Por destacar alguna, podemos hacer hincapié en la primera que encontramos en el documento. Reza así: «Reducir el número de ensayos a los necesarios e imprescindibles». Una medida que si bien ha llegado con moratoria, una vez que la gran mayoría de los calendarios de ensayos están ya programados, carece totalmente de sentido en medio de una coyuntura en la que el mundo del costal necesita más que nunca testear a sus portadores y realizar ensayar tras dos años de parón.

Otras representadas en el demencial hecho de repetir patrones lógicos y asumidos por la sociedad, tales como pesquisas del calibre de «si tienes síntomas no acudas al ensayo» o «si tienes Covid no asistas», enraizadas en el sinsentido de intentar tratarnos, a los cofrades, como los más tontos del España. Por no hablar de la irracional intención de repetir y repetir, como un loro enjaulado, la premisa de portar la mascarilla en por la calle, como ya recoge la normativa, así como, en el transporte público.

No obstante, la crème de la crème de las medidas es, sin duda, la que reza el «uso de mascarilla FFP2 durante el ensayo». Aquellos que se hayan metido debajo de un paso alguna vez me entenderán cuando remarco el carácter descabellado de estos «Diez Mandamientos», una vez que alcanzan el auge de afirmar que usando mascarilla no vas a coger la enfermedad. Por no hablar del «chungo» que te puede dar en las condiciones en las que una persona hace un esfuerzo físico, ya de por sí, en un enclave con nula ventilación y con el valor añadido de la mascarilla.

Caso aparte queda el despropósito de requerir el pasaporte covid para irrumpir en un paso o trono, a pesar de ser un documento opcional y que no te exime de haber contraído el virus, más aun sabiendo que en los establecimientos de hostelería ya pasan de pedirlo para no atender al sinsentido y la vorágine que está produciendo la pandemia en las personas.

Pero lo que más me duele de todo es que los cofrades nos prestemos a cumplir este tipo de medidas sabiendo que en otros estamentos y acontecimientos de la sociedad las incumplen con naturalidad abrumadora y sin consecuencias. Nos ponemos el velo antes de que nos lo impongan desde arriba con el fin de satisfacer al político de turno para poder siquiera disfrutar de una salida procesional tranquila, supeditados a la inviolabilidad de la que los parlamentarios y congresistas disfrutan para poder satisfacer las ganas de celebrar, de cualquier manera, una nueva Semana Santa dejando en el olvido el verdadero sentido de la religiosidad popular.

Es la mayor pena de todas, la de no recordar para que somos cofrades y para que conmemoramos la muerte y resurrección de nuestro Señor y desvalijarnos para asistir a la actuación del circo en el que se ha convertido la política hoy en día.