No hay forma más maravillosa de acercarse adiós que a través de la mano amorosamente maternal de la Santísima Virgen. Y es que la Madre de Dios intercesora universal es el cauce mediante el cual el andaluz en esta tierra de María Santísima Defensora del dogma la Inmaculada Concepción siglos antes de que la propia Santa Madre Iglesia lo aprobase ha elegido desde tiempos inmemoriales para encontrar el camino hacia la tierra prometida.
En un rinconcito de Andalucía, donde la naturaleza adquiere su máxima expresión, existe un lugar mágico, dotado de ese halo de divinidad que se manifiesta con una fuerza inusitada en determinados lugares del mundo asociados siempre a la presencia incontenible de la Virgen María. Es la aldea prometida la única aldea del mundo que no requiere de apellido para ser perfectamente identificada, donde confluyen los caminos que conducen a la mirada infinita de la Madre del Pastor la que nos muestra el sendero al paraíso.
Allí, bajo el lema de Ignacio de Loyola “Para que más le amen y le sigan” los niños de Villafranca, Villanueva de Córdoba, Baena y Priego han pasado unos días de convivencia y catequesis cerca de la Virgen del Rocío, a las mismas orillas del cielo para bañarse en el venero de su dulzura y alimentarse de la verdad infinita del mensaje que lleva siglos derramando por los cuatro puntos cardinales del orbe.






