La vara del pertiguero, Opinión

Los obispos y las extraordinarias: breve apunte

Dicen que las cosas de palacio van despacio, y más cuando ese palacio es eclesiástico y las cosas a mover se relacionan con asuntos devocionales. Especifíquese lo anterior y dígase que el asunto son las salidas extraordinarias y los agentes a dirimir la cuestión son los obispos andaluces. Con el cóctel ya dispuesto, solo queda batirlo, servirlo y disfrutarlo pausadamente mientras se desarrollan los acontecimientos.

Querido lector, según lo publicado ya en diversos medios de comunicación, incluido este que nos reúne, parece ser que los días de las procesiones extraordinarias están tocando a su fin. Como diría un amigo mío, esto es lo que traen los excesos. Ya hace días también saltó la noticia de que los vecinos del centro de Córdoba pedían una solución en lo tocante a este tema, de modo que no nos pilla de nuevas.

Las procesiones extraordinarias se han convertido en un problema para la población, en cuanto que en la vida pública y social. Si no, recuérdense los cortes en el acceso a ciertas calles, las aglomeraciones, el dantesco panorama que ofrece la vía pública no tanto por el paso de los cortejos, sino por la falta de urbanidad de muchos espectadores… Fin de semana sí, fin de semana también, muchas localidades andaluzas parecían estar inmersas en una pequeña «Semana Santa» particular.

No obstante, y para evitar que cualquiera pueda considerar que voy en contra de lo cofrade, solo planteo una pregunta: ¿por qué procesionamos? Lo cierto y verdad es que, entre tantas salidas extraordinarias, más de una no se ajusta a una efeméride reseñable. Es decir, más allá de la celebración de un centenario fundacional o una coronación, ha habido procesiones especiales por hechos que, en verdad, podrían haber sido celebrados de otro modo. Incluso hubiera sido interesante que esa celebración hubiese culminado con la salida procesional ordinaria, revestida de cierta solemnidad especial.

Pero no, parece que los cultos y las acciones cultuales ya establecidas en los estatutos de cada corporación no son suficientes. Y esto es un error, pues no debemos olvidar que las hermandades penitenciales, por definición e historia, circunscriben su actividad extramuros al periodo de la Semana Santa. Fuera de este tiempo, las procesiones extraordinarias se justificaban por alguna situación especial, como sequías, epidemias y guerras. Añádase lo dicho anteriormente acerca de coronaciones y fundaciones y el cupo está racionalmente lleno.

En cualquier caso, es muy probable que los obispos andaluces hablen de forma oficial en breve y zanjen la cuestión. Un hecho que, en realidad, debería haberse llevado a cabo hace tiempo y que, con suerte, otorgará a las salidas extraordinarias su auténtico valor extraordinario. Al menos, ya iba siendo hora de que alguien planteara seriamente el tema, porque llega un punto que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y, siendo sinceros, en algunos lugares el cántaro ya se estaba resquebrajando.