Quienes tienen la inmensa y en ocasiones ingrata responsabilidad de gestionar cualquier entidad son plenamente conscientes de que existe una máxima de obligado cumplimiento para los buenos dirigentes: «lo que funciona no se toca». Una máxima que ha sido aplicada por la Junta de Gobierno de la Hermandad de Jesús Caído, que preside desde hace exactamente un año Juan Rafael Cabezas Gutiérrez, en virtud del Cabildo Extraordinario de elecciones celebrado el 1 de junio de 2017.
A raíz de su nombramiento, la Junta de Gobierno que preside tomó la determinación de depositar su confianza en dos capataces cuya calidad y experiencia están plenamente contrastadas. Uno de ellos, Manuel Orozco, con una amplia trayectoria en la dirección de los hombres de abajo que tienen el privilegio de llevar sobre sus hombros a Jesús Caído, una de las imágenes devocionales con mayor arraigo de toda la Semana Santa de Córdoba. El otro, Jesús Ortigosa, un joven capataz que hace ya años traspasó la barrera de gran promesa a insultante realidad y cuya labor viene desarrollándose con notable éxito frente de un buen número de cuadrillas de la Córdoba Cofrade.
Saliendo al paso sin pretenderlo de los rumores, probablemente interesados, que apuntaban en otro sentido, el equipo de gobierno de la Corporación de San Cayetano ha celebrado una reunión con ambos capataces para sondear su opinión acerca de unas modificaciones que se van a realizar en los faroles y los varales de los pasos. Una reunión que evidencia que permanece intacta la confianza que depositó, desde el comienzo de su mandato, en ambos capataces que continuarán siendo los responsables de guiar un nuevo Jueves Santo a Aquel que nos enseña a levantarnos cuando la vida se empeña en hacernos clavar la rodilla en tierra y a su Bendita Madre, Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, camino de la Santa Iglesia Catedral. Una noticia que evidencia la indiscutible satisfacción mutua entre las partes y perpetúa una realidad con evidente vocación de permanencia.





