Mi luz interior | La Virgen viene a mi casa, un sueño para Sevilla

Sevilla está de enhorabuena. El alma rociera que habita en cada rincón de mi tierra se ha estremecido con una noticia que es, para muchos, el cumplimiento de un anhelo eterno. El pueblo de Almonte, custodio fiel de la Blanca Paloma, ha aprobado algo que para muchos parecía un sueño: el recorrido de la procesión del Lunes de Pentecostés llegará hasta la Casa de Hermandad del Rocío de Sevilla, la Hermandad del Rocío del Salvador, pasando por la plaza de Doñana.

Como sevillana y como rociera, siento una dicha que no cabe en el pecho. Porque Sevilla, mi ciudad, nuestra ciudad, será testigo directo de un momento histórico. La Virgen vendrá a mi casa. Y no hay palabras suficientes para expresar lo que eso significa.

Es un regalo del cielo que alimenta el espíritu, que enciende la fe, que multiplica las emociones y aviva los sentimientos que muchos hemos heredado de nuestros padres y abuelos: ese amor sincero e incondicional a la Virgen. Porque no se ama a la Virgen del Rocío con razón, se la ama con el alma.

Porque amar a la Blanca Paloma es algo que no se aprende en los libros, sino que se hereda, se respira y se vive desde la cuna. Es un legado que nuestros mayores nos entregaron con la ternura de quien ofrece lo más sagrado: un amor sincero, incondicional y eterno.

Será un instante fugaz, sí, pero eterno en el corazón. Ese momento en el que se detiene el tiempo, en el que el alma se arrodilla antes que el cuerpo, y las lágrimas se convierten en oración. Un encuentro donde todo se transforma: las penas se hacen livianas, la fe se enciende con más fuerza y el amor a la Virgen se multiplica hasta desbordar cada rincón de nuestro ser.

Aunque haya sido por cuestiones de logística de la procesión, gracias, Almonte. Gracias por este acto de generosidad, por permitir que esta devoción inmensa se ensanche, se derrame y se abrace con aún más fuerza en el corazón de los rocieros de Sevilla.

Y gracias a Ella, porque desde lo más profundo de mi fe, sé que así lo ha querido. La Virgen ha decidido venir a nuestras calles, a nuestros hogares, a nuestras vidas. Y nosotros la recibiremos como se recibe a una madre: con el alma desnuda, con lágrimas de alegría y con el corazón rebosante de amor.

Hoy, Sevilla sueña despierta. Hoy, el Rocío viene a encontrarse con su pueblo, con aquellos que la esperan con los brazos abiertos y el alma llena de flores.

Bienvenida a casa, Madre. Aún sin saberlo te esperábamos desde siempre y, ahora, por fin, vienes a bendecir nuestra casa con tu presencia. Nunca olvidaremos este regalo. Nunca olvidaremos este sueño hecho realidad.