Hay ocasiones en los que me siento incomprendida. Sola y triste por no ser entendida ni por los míos. Más ahora, en esta semana, no siendo conscientes de mi pesar. No entienden mi postura ante esto que vivimos. No entienden mi postura de no querer, mejor dicho, no poder vestir mi hábito de nazarena.
Para mí, vestir la túnica y el cubrerrostros es mucho más que cubrir mi cuerpo y marchar anónima frente al mundo. Es mucho más que eso. Para mí es una forma de orar, de encontrar mi sendero hacia Dios, Nuestro Señor, pero para eso tengo que estar en paz conmigo y con los demás, y eso es un camino aún más tortuoso y largo que no sé si llegaré a superar.
¿Si me duele? No, dolor no es la palabra. ¿Rencor? Tampoco. Entonces qué es, me preguntan algunos. No lo sé, respondo. Sólo sé que no me siento preparada para vivir el privilegio de vestir mi hábito, no soy digna de llevarlo. Este es mi pensamiento. Este es… mi sentimiento





