Nos encaminamos a la hibernación, por antonomasia, que tienen las Cofradías durante la época estival y que, en época normal, hubiera supuesto un punto y aparte en el curso cofrade con la especulación de que a un año exacto del comienzo de la próxima Semana Mayor no habrá margen para realizar Estaciones de Penitencia en la calle de un modo más o menos ordinario. La rumorología apoyada sobre la libertad que ofrecen las redes sociales para expresar opiniones sin ningún criterio se ha apoderado de nuestra vida que habita amarrada a la bola de cristal de la que presumen algunos visionarios que se afanan por acabar con toda esperanza posible de que vuelvan las Hermandades a la calle, más aún sabiendo que otro año totalmente en blanco sería una puñalada mortal para muchas entidades que si no han visto ya mermadas sus arcas podrían incurrir en una crisis aún mayor que las enfrentaría a un destino irreversible.
Es por eso por lo que no podemos perder otro año más. Sería un auténtico desastre no solo en las Corporaciones penitenciales y bandas de menor calado social sino también en las entidades más pujantes de todo el orbe cofrade. Es indudable que el modelo llevado a cabo por las Cofradías durante la reciente Semana de Pasión ha sido todo un éxito y una medida necesaria para acercar a las personas a las Iglesia, pero las Hermandades necesitan volver a los movimientos aglutinadores de la Cuaresma, Pascua o incluso del Adviento, para, así, recobrar el proceso de enganchar a la gente, de desvelar su poder evangelizador hacia las personas que lo necesitan y, por descontado, uno de los fenómenos más atrayente es la efectuación de la Piedad Popular en las calles de los pueblos y ciudades.
Por ello, todos los estamentos de la sociedad tienen que poner de su parte para que la Semana de Pasión sea un hecho el próximo año. Hermandades, Iglesia y, sobre todo las autoridades políticas deberán valorar la situación en un escenario que, Dios mediante, será más favorable en contraposición con los dos anteriores. De lo contrario nos enfrentaríamos a una situación insostenible que sin duda nos llevaría a presenciar las primeras desapariciones de Corporaciones y Bandas, esta vez con un flujo incontrolable que produciría incluso la claudicación de entidades agrupacionales en zonas demasiado castigadas no solo por la crisis actual sino también por la originada en el año 2008 la cual se viene arrastrando desde entonces. No volvamos a repetir la historia.





