El Rocío, Huelva

Nuria Barrera crea un maravilloso camino repleto de luz y esperanza para ilustrar el Pentecostés de la Hermandad del Rocío de Huelva

Poco a poco se acerca Pentecostés. El calendario avanza sin detenerse y sin entender que los rocieros soñamos con un Rocío que no se va a celebrar de la forma en el que lo hemos vivido siempre sino de una forma más especial e íntima. Una llegada de Pentecostés que la Hermandad del Rocío de Huelva no ha querido dejar de anunciar, toda vez que “la ausencia de camino, de romería y presentación ante la Virgen del Rocío y el Pastorcito Divino no significa que no vivamos estos días, si cabe aún, con más fe y devoción. Porque el Espíritu Santo llegará y como cristianos lo celebraremos”, como ha subrayado la propia autora del cartel anunciador, la artista Nuria Barrera en un emotivo video que ha sido difundido durante la presentación.

“No cabía más gozo y satisfacción para mí, como artista y rociera poder anunciar en pinceladas vuestro camino, vuestra idiosincrasia, la belleza de vuestra llegada a la Aldea…”, ha asegurado Nuria. Desde luego, que la artista ha conseguido plasmar, una vez más, el sentimiento de un rociero de Huelva a través de sus pinceles y de su arte magistral.

El espectacular cartel, de composición triangular, en referencia a la Santísima Trinidad, nos muestra en el vértice superior una paloma, símbolo del Espíritu Santo, aleteando sus alas, derramando su Rocío a la Tierra.  Como base, un altar, como tantos que durante estos días se han montado en las casas de los rocieros. En él, una chaquetilla blanca, prenda propia de la caballería de Huelva en El Rocío. Un pañuelo que se quedará sin anudarse en la cintura. Un mantoncillo y unas flores del camino que adornan el cuerpo y el pelo de las mujeres.

Un sombrero, el “que remata la estilizada imagen del caballista”, que lleva prendido un lazo negro en referencia “a los días de luto que estamos viviendo”. Una medalla, “representación máxima y seña de identidad de cada hermano” que este año no se llenará de polvo del camino. Y una foto. Una de foto de Ella, la que nunca nos abandona. Esa Madre a la que tantas y tantas veces, durante este tiempo hemos rezado, hemos dando gracias… La Virgen. La que nos sigue esperando con los brazos abiertos. La que derramará su Rocío en este nuevo Pentecostés.

Todo esta maravillosa composición queda envuelta en una embriagadora nube de polvo dorado. Un camino sin romeros pero repleto de luz, donde se adivina a un rociero rezando bajo una encina. Rezando por todo aquello que anhela, que sueña, que ha dejado atrás, pero siempre por todos aquellos que gozan ya de su Presencia en las marismas azules del cielo.

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