Pasión de Dios

A nadie se le escapa que todos sentimos nostalgia del olor a incienso por nuestras calles, el sonido de una banda, el andar de los nazarenos, etc. Sin embargo, si algo me hace olvidar por un momento todas las añoranzas es entrar por ese pequeño patio repleto de naranjos dispuesto a arrodillarme ante Dios hecho madera. Me gusta pasar un buen rato contemplándolo, y observar las personas que van pasando por esa capilla de plata, un goteo constante, parece que se detiene el tiempo, es una devoción totalmente íntima.

Quizás, ese ese es uno de los grande tesoros en la iglesia del Salvador, sin embargo en ese mismo patio (y en otros miles de casas o locales) antes mencionado también se encuentra la Pasión. Recuerdo alguna vez entrar y ver las colas, gente que esperaba para poder tener algo que llevarse a la boca. Por desgracia, las colas en este tipo de lugares cada día son más largas mientras se nos hace sumisos entre recortes de libertades.

Con esto que ocurre, las cruces son para muchos cada vez mayores, y es ahora cuando debemos saber ser cirineos, pedirle fuerza con sinceridad al Señor, no solo arrodillarnos ante el con la nostalgia de lo no vivido, que sepamos actuar, seguir el ejemplo de nuestros santos o nuestras hermanas de la Cruz y de verdad vivir con Pasión en Dios, por y para el por el prójimo.