El Cirineo, 💙 Opinión

Por fin ha llegado la primavera

Lentamente, casi de manera imperceptible, se irán alargando los días mientras la luz del atardecer comenzará a adquirir un color diferente. El frío matinal dejará paso a un calor que templará los rigores del invierno cuando la tarde se ilumine del maravilloso azul que únicamente existe cuando se atraviesa la frontera de Despeñaperros. Lo saben todos aquellos que han tenido la suerte infinita de haber venido a la vida en la tierra más hermosa del mundo, la primavera no llega cuando lo dicen los almanaques, sino cuando a Andalucía le da la gana.

Porque los albores de la Cuaresma se traducen precisamente en eso, en una metamorfosis extraordinaria que se desprende de los recuerdos tan recientes y al mismo tiempo tan lejanos de villancicos y brasero, ese que cada vez iremos utilizando con menor frecuencia para comenzar a respirar el aroma de la flor, de la cera y del incienso.

Nuestra cotidianidad se irá preñando despaciosamente de decenas de instantes imperecederos que nuestras hermandades ofrecerán para mayor gloria de nuestra historia inmortal, convirtiéndose en la tradición que heredamos de nuestros ancestros y componiendo esa fragancia y ese crisol único de lo que cada año ocurre de manera inevitablemente distinta.

Con los nuestros de la mano, en ritual mágico y singular, nos haremos presente en las casas de hermandad y visitaremos las capillas de los que siempre nos esperan para abrir nuestros corazones y alimentar nuestras almas con el maná de la esencia de nuestros sentimientos atesorados. Acudiremos a por nuestra papeleta de sitio, ese tesoro único, personal e intransferible que representa esa relación directa con Dios y su Bendita Madre, imposible de explicar y de olvidar.

Y seremos cirineo del Rey del Cielo camino del Calvario de nuestras miserias y acariciaremos con nuestros labios la bendita mano de la que gobierna la barca de nuestra humanidad. Y conservaremos cada pedacito de paraíso en el arca de nuestros recuerdos para perpetuar nuestra historia de generación en generación.

Recuperaremos la túnica o la faja y el costal de ese rincón casi secreto en el que duermen el resto del calendario, para prepararlos con un mimo indescriptible, casi infantil, ese que aprendimos de nuestros padres y que ahora intentamos transmitir a sorbitos a nuestros hijos. Nos cruzaremos cualquier noche, por cualquier sitio, con un ensayo costalero e inevitablemente al sonido de las marchas y el rachear precioso y preciso, cerraremos los ojos para abrir el alma y dejarnos llevar por la imaginación… una bambalina golpeteando contra el varal… el aroma del azahar y el incienso… y Virgen del Valle… sublime, magnífica, única… y a lo lejos la sonoridad de unas cornetas ensayando para acariciar la gloria… ¿Cómo explicar este sentimiento a quien ni entiende ni pretende entender? Es sencillamente imposible. Se siente o no se siente… no hay más secreto.

Lo sabe el cielo y la tierra, se aproximan los momentos más hermosos del año. Sólo han pasado siete días desde que empezamos a desandar cuarenta y en Andalucía, diga lo que diga el almanaque, por fin ha llegado la primavera.

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