Una vez más, revivimos la historia de la llegada al mundo del hijo de Dios. Una historia que más de dos mil años después, sigue siendo actual pues vemos como muchos corazones, se convierten en posadas vacías donde hay mucho ruido, pero ningún sitio para Jesús.
Posadas vacías que escuchan a José pedir sitio para albergar a María y a su hijo que está por llegar y que aunque tienen sitio, no dejan quedarse a Cristo con ellos. Realidad que vemos a nuestro alrededor en muchos hermanos cofrades, a los que el nacimiento del nazareno le es indiferente y solo lo quieren para el tiempo cuadragesimal y Semana Santa.
Quizás, en esta Navidad del silencio, logremos comprender que llegó el momento de cambiar nuestro corazón y que esa posada vacía, se convierta en una casa de acogida, donde seamos capaces de dar cobijo a Jesús. Un corazón donde siempre permanezca encendida esa llama de amor hacía el Mesías.
Esta Navidad, desde este humilde rincón, invito a todos en primer lugar a que Jesús nazca en nuestro corazón, que en el mismo encuentre posada y que no solo nazca una noche al año, sino todas las noches del año.
En estos días deseamos buenas intenciones, deseos y solidaridad. Que este espíritu que nos trae Cristo permanezca todo el año. ¡Feliz Natividad y Epifanía del Señor!





