El 18 de diciembre de 1925, festividad de la Esperanza tuvo lugar en San Gil el primer besamanos de la historia. En un momento en el que la estabilidad de Europa se tambaleaba de nuevo, por el advenimiento del fascismo y el crecimiento del comunismo, y en España se consolidaba la dictadura de Primo de Rivera, Sevilla sentía una imperiosa necesidad de encontrar Esperanza en la mirada infinita de la Madre de Dios. Aquella inolvidable jornada, la Virgen de la Esperanza, la popular y universalmente conocida como Macarena, aparecía al pie del altar mayor de San Gil, su hogar por aquel entonces, de manera sencilla, sin grandes montajes tan comunes en la actualidad, para extender su mano y recibir el amor incondicional de sus fieles y devotos, en una época en la que no existían las redes sociales y en la que solamente el boca a boca podía ser capaz de convertir el acontecimiento en multitudinario.
Y se logró. San Gil estuvo todo el día abarrotado. Niños y mayores se dieron cita ante Ella, para precipitarse en sus pupilas y rendirle pleitesía y al mismo tiempo encontrar el refugio y la esperanza que tanto necesitaban en una época de tribulaciones que en ocasiones tanto se parece a la actual. Miles de sevillanos acudieron a la llamada «habiendo horas en las que era imposible andar», según se indica en el libro de actas de la hermandad. Todo el barrio de la Macarena desfiló para besar la mano de la Virgen, desarrollándose casos de verdadero entusiasmo y cariño difíciles de enumerar. Se calcula que las personas que asistieron al Besamanos pasaron de diez mil, con la llamativa y reveladora curiosidad de encontrarse mezcladas una amplia gama de las clases sociales, desde S.A.R. Dª. Esperanza de Borbón hasta la más humilde y pobre del barrio de la Macarena. En esta fecha, la nómina de la Hermandad sobrepasaba los mil Hermanos.
La Hermandad volvía a ser pionera de un acontecimiento histórico, como cuando años antes, con motivo de la muerte de Joselito, la Esperanza apareció vestida de luto, creando un precedente que hoy se ha convertido en un acontecimiento insustituible en el calendario de Sevilla. A pesar de que a las ocho de la noche la Hermandad decidió cerrar las puertas, sus responsables comprobaron cómo más de mil personas aún aguardaban en la calle para poder visitar a la Madre de Dios, motivo por el cual, la junta de gobierno decidió abrir una puerta ara que pudiesen acceder al templo.
En vista del éxito sin paliativos, a la mañana siguiente, la Esperanza volvió a estar en besamanos y a pesar de la luvia, volvieron a ser miles los que acudieron a besar su mano. Apenas un par de años después, la Esperanza de Triana decidió seguir la estela marcada y tras de sí el resto de hermandades de Sevilla que encontraron de este modo, una manera de acercar a la Virgen María al pueblo, para alimentar el espíritu colectivo de la Sevilla más inmortal, la que bebe de su más íntimas tradiciones y se nutre del sentimiento, de la esencia, de la memoria y de la fe.





