El Capirote, Opinión, Sevilla

Procesiones y guiris

La coletilla de que sobran turistas en Sevilla se hace presente con las grandes celebraciones de la capital. Lo vemos en la feria de abril pero también en Semana Santa. Porque es tal la avalancha que recibimos que parecemos extraños en nuestra propia ciudad, si es que alguna vez fue nuestra. Como si Sevilla le perteneciera a alguien.

Esta mañana de sábado la procesión del Carmen de Calatrava dejó estampas para el recuerdo durante el traslado de la Virgen hasta la Catedral. Llenó con su presencia el río Guadalquivir y pasó por la Carretería y la capilla de la Pura y Limpia llevando aires marineros. Lo hizo con un calor insoportable en medio de la ola de calor más temprana desde que se tienen registros.

Sofocante fin de semana que propició que miles de sevillanos se fueran a la playa. Los que no optaron por ir a Almonte y los menos se dividieron en dos: los que se quedaron en casa y los que se acercaron al centro para acompañar a la Virgen del Carmen, que en la tarde de este domingo regresará a su capilla.

Resulta curioso que aquí no sobre turismo. No hay titulares sobre el exceso de extranjeros o forasteros, como a algunos les gusta llamar. Porque saben que si no fuera por estos, en una época donde las temperaturas invitan a irse fuera o quedarse dentro, algunas procesiones irían solas. Si no fuera por ellos o por los miembros de la Marina habría tramos donde la procesión se hubiera parecido a una de impedidos, que tristemente son las que menos público concentran. Incluso hubo zonas donde el grueso lo conformaban los miembros de las Cigarreras.

A fin de cuentas, los guiris de estas semanas se parecen a las hermanas que pueblan los monasterios. Estas, que en un mayor número son de fuera, ayudan a mantener los conventos, de tan rico patrimonio. Los turistas que nos visitan estos meses dan de comer a los bares que se quedan vacíos mientras nos vamos a la costa. Qué casualidad, estos no nos sobran.