Que el poder aglutinador de la Semana Santa en nuestra tierra es inmenso no cabe duda. Los católicos. Pero no sólo, vivimos de una manera especial estas fechas como las más importantes del año. El andaluz reconoce en las procesiones una manera de ser, de relacionarse con la Trascendencia, y hacerla suya, y abarcarse en un abrazo con el Infinito. Un amor que supera el tiempo y que se lega de generación en generación, otorgando como herencia entre padres a hijos una serie de enseñanzas vitales que permanecen a pesar de los avatares históricos o cambios sociales
No cabe duda que esta forma de entender la existencia, de comportarse entre nosotros los hombres, y ante la Deidad, ha de hacerse en completa libertad, a nadie ha de obligarse, pero esto es muy importante, nadie puede negarnos nuestro derecho a manifestarnos así. Sin embargo asistimos a una serie de amenazas y provocaciones por parte de lo que un escritor avezado ha definido como lacayos del “mamonismo” contra todo nuestro patrimonio espiritual.
No se va a detener en beneficios económicos para la ciudadanía, o en impactos turísticos crecientes quien define a la Santa Misa como dadora de odio, no le va a temblar el pulso quienes provocan allanando el Patio de los Naranjos, que es Catedral, para soltar una serie de mentiras y tergiversaciones sobre la cuestión de la “Segunda Puerta”. Ellos quieren destruir cualquier manifestación pública de Fe católica, y es importante que se entienda esta pulsión destructiva por parte de los que queremos vivir nuestras creencias en libertad, también en el espacio publico, que es de todos, y también nuestro.
Mucho se está hablando en Córdoba sobre la cuestión de la seguridad en torno a la Catedral, y es justo que así se haga. Pero cuando las provocaciones constantes y en “crescendo “ se acentúan es hora de pedir a los poderes públicos sean del signo político que sean, que garanticen nuestro derecho y nuestra obligación sacrosanta de acompañar a nuestras Imágenes por las calles de toda Andalucia. La integridad de los cortejos; también del publico que acompaña en los margenes del recorrido, así como el de todas las personas que se han afanado en lograr su celebración; su seguridad fisica, pero también moral, es deber de quienes se dicen garantes de una sociedad abierta y tolerante.
Amén





