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Racheando

Por Sevilla… ¿lo dejaría todo?

Aunque haga ya un par de temporadas que colgara la trompeta, nunca dejaré de ser músico cofrade por todo lo que ha conllevado como experiencia vital pasar de ser nazareno de filas a ser quien pone la banda sonora en momentos tan especiales como la salida procesional de la devoción de toda una ciudad.

Sin duda, si perteneces a una banda de hermandad, no cambiarías nada en el mundo el momento de ponerte en formación y que suene el toque de corneta para que empiecen los acordes del Himno Nacional o Marcha Real y salga tu Titular, haciendo que los esfuerzos de los que hablaba la semana pasada hayan merecido la pena con tal de ver ese trono caminar con tu música. Pero, si eres componente de una formación independiente, no dejan de crearse vínculos emocionales prácticamente inquebrantables entre ti y cada una de las hermandades que acompañas durante toda la Semana Santa.

Siempre habrá casos del tocar por tocar, sin importar dónde, que últimamente más que por devoción les convierte prácticamente en mercenarios, y hablo por ejemplo de aquellos que no les importa abandonar contratos de muchos años si van a aparecer en más medios de comunicación o en cuentas de redes sociales para crear «grupis cofrades» – las hay que han llegado a rebajar caché e incluso a pagar con tal de llegar a Sevilla -.

Pero, a día de hoy, quizás después de ver muchas cosas en mi recorrido musical cofrade, me plantearía muchísimo abandonar mi devoción particular, forjada tras años acompañando al Señor por las calles de su ciudad, viendo el esfuerzo de esa cuadrilla, momentos de fraternidad aún no siendo de la misma hermandad, que, para mi, pesan más que cualquier contrato en grandes ciudades.

Claro que en su día hubiera hasta pagado con casi cualquier cosa por entrar con mi banda por la Campana tras algún titular hispalense… pero más allá del ego personal, ¿pesaría más el marketing que generaría que mis sentimientos?

Dado el caso de que surgiera la oportunidad, si tuviera alguna responsabilidad en una formación, haría lo que poco se hace: sentarse y hablar. Porque créanme si les digo, que muchas hermandades ante esa tesitura, son las primeras en decir que una oportunidad así quizás no se debería dejar escapar pero, por desgracia, a día de hoy las maniobras bajunas, a espaldas de juntas de gobierno a cambio de favores, exornos florales, conciertos benéficos etc, con tal de llegar a la Giralda tras un paso. Pero he ahí un problema, en el mundo cofrade, al final, todo se sabe.

A día de hoy, algunos directores lanzan contratos como operaciones de marketing o saltan de pueblo en pueblo hasta llegar a su destino, pero quizás dejan atrás la esencia de ser músico cofrade: la fe, el sacrificio por llegar a lo más alto trabajando y, sobre todo, la devoción.

Queda mucho verano por delante, y verdaderos todavía muchos contratos que se rompen antes de que las propias hermandades se enteren, con tal de alcanzar la panacea cofrade, olvidándose de que la fama es efímera.

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