Rafael Giraldo: «No dejéis nunca de soñar siempre en azul que es el color del cielo, donde están las estrellas»

El curso cofrade 2016/2017 culminó hace apenas unas semanas. Un curso cargado de una especial intensidad que pasará a la historia por ser aquel en el que Córdoba recuperó la carrera oficial que siempre debió tener, gracias al sacrificio y el esfuerzo de todos aquellos que pusieron su granito de arena para lograrlo. Sin embargo el ciclo que acabó ha estado plagado igualmente de momentos singulares infinitamente diversos para todos y cada uno de los personajes que configuran el maravilloso conglomerado de nuestra realidad cofrade. 

Con la confianza depositada en la veracidad de este argumento hemos querido acercarnos a algunos de los protagonistas que con su labor, en ocasiones no suficientemente ponderada, hacen posible que se cumplan los sueños de miles de soñadores. Personas que han vivido con toda la intensidad que merecen, decenas de instantes que han deparado pequeñas joyas en forma de recuerdos que atesorar en su memoria.

Uno de ellos es Rafael Giraldo Abad, capataz del paso de palio de Nuestra Señora de la Estrella y de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso, que ha abierto de par en par las puertas de su patrimonio sentimental para rememorar en voz alta los recuerdos más significativos de su curso cofrade. 

Un curso para la historia, en opinión de Giraldo, «por haber vivido un acontecimiento que será recordado para siempre, el traslado de la Carrera Oficial a la Catedral en el que he tenido la oportunidad de hacer estación de penitencia el Lunes Santo con La Estrella y el Martes con el Buen Suceso, así como acompañar a mi otra hermandad de la Paz en este camino». En este sentido, Giraldo considera que «nuestra generación ha sido la afortunada que la historia ha puesto en el sitio y en el momento adecuado, un regalo que debemos degustar más allá de hacer un ejercicio de responsabilidad para que este paso sea para siempre».

Más allá de la Carrera Oficial, el curso de Rafael Giraldo, se encuentra plagado de pequeños instantes para el recuerdo, como los «momentos únicos vividos en los actos organizados por mi Hermandad de la Estrella para conmemorar el XXV Aniversario de Nuestro Padre Jesús de la Redención, culminados con la salida en el Vía Crucis de las Cofradías, donde tuve la oportunidad de alumbrar el camino del Señor y hacerlo de la mejor manera posible, acompañado de mis hijos y amigos, disfrutando de este momento».

Pero sería imposible desligar la faceta de cofrade de Giraldo de su desempeño como capataz, de ahí que «otros de los momentos para guardar en la retina, han sido cada uno de los segundos desarrollando la labor privilegiada de ser la voz de los que caminan y sufren para darle gloria al Señor y La Virgen. Cada uno de los momentos vividos junto a mis cuadrillas, desde las igualás allá por el mes de Enero, hasta cada instante en cada uno de los ensayos en los que, en cada zancada, vivimos lo que es soñar con un reto, llevar a La Estrella y también al Señor del Buen Suceso hasta la Catedral con más de diez horas de recorrido la primera y un cambio de recorrido con más dificultad en el segundo». 

El capataz subraya que ha sido «un año de trabajo intenso de la gente de abajo, duro, pero siempre con la recompensa de rodearme de personas con un corazón tan grande que cualquier piedra del camino era eliminada al instante». Finalmente, Giraldo abre el arcón de sus vivencias atesoradas con el dulce regusto de las cosas bien hechas y la satisfacción de los objetivos cumplidos para reafirmarse en que «ahora sólo nos queda soñar… hacerlo con los grandes momentos vividos, soñar con las tardes y noches de entrega para que todo el trabajo, nos lleve a que el día soñado sea una realidad, con los días disfrutados con nuestra gente, amigos, novias, mujeres, hijos… con lo que nos apasiona, con lo que en algún caso nos vuelve locos y que no se puede explicar…»

Para culminar su reflexión con toda una declaración de lo que es en sí mismo una manera de entender la vida, una forma de sentir que sólo se halla al alcance de quienes respiran en la cercanía de la trabajadera… «No dejéis nunca de soñar, soñar siempre en azul que es el color del cielo, donde están las estrellas, ser siempre ese niño inocente que mira con admiración este mundo tan sencillo que los adultos nos empeñamos en complicar…» Así sea.