Esta semana en la que el curso cofrade comienza a dar sus primeros pero decididos pasos, queremos rendir un pequeño homenaje a otro de esos fotógrafos que hemos tenido la suerte de ver florecer en nuestra ciudad. Si ya lo hicimos con Andrés Roig o Ricardo, en esta ocasión queremos acercarnos a la gigantesca figura de don Juan Vacas, un fotógrafo excepcional, un artista, que si bien no se distinguió por realizar una amplia producción relacionada con nuestra Semana Santa, sus aproximaciones a la misma fueron de una calidad y una profundidad que bien merece figurar con letras de oro en la historia de la fotografía cofrade, tal y como lo avala el hecho de haber dado su nombre en el año 2000 a una de las sección del concurso fotográfico que organizaba el ayuntamiento de Fuente-Obejuna. Su visión totalizadora, que no totalitaria, de la realidad le llevó a acercarse a la Semana Santa cordobesa logrando imágenes de profundo sentimiento religioso a la vez que, de indudable belleza plástica, tal y como podemos comprobar entre otras, en las dos fotografías que acompañan este artículo.
Juan Vacas Montoro (1923 – 2007) Jiennense de nacimiento y cordobés por adopción y convicción. Fotógrafo, artista, creador, luchador hasta la extenuación, con una capacidad de búsqueda y de aprendizaje propia de un hombre del renacimiento y que nunca pidió nada a cambio. Su adolescencia y juventud estarán marcadas por la Guerra Civil: estuvo a punto de morir en un bombardeo que se cebó con la carpintería de su tío. Años más tarde ingresa en la Guardia Civil, a la que ya pertenecían otros familiares suyos, cuerpo en el que alcanza el grado de brigada. Gran aficionado a la electrónica, construyó radios y televisores, fue pinchadiscos en una emisora local de Jaén, y llegó a rodar algún cortometraje en Súper 8. Como no podía ser de otra manera, esta afición desembocará lo que le va a llevar a descubrir el sugestivo mundo de la fotografía.

Llega a Córdoba en 1952, donde entabló amistad con los fotógrafos José Jiménez Poyato, Francisco Linares y Antonio Arenas, realizando sus primeras fotos artísticas en 1964. A partir de ese momento, su implicación en el mundo de la fotografía será cada vez más intensa, participando en la fundación de AFOCO en 1981, siendo presidente de honor en el momento de su muerte. Participa en la fundación de la Federación Andaluza de Fotografía, en 1982, de la que fue secretario y presidente. En 1984 recibe el Trofeo de Oro al mejor fotógrafo andaluz y, en 1990, es objeto de un homenaje nacional al que asisten más de trescientos fotógrafos de toda España. En 1999 la Diputación cordobesa publica el libro Sueños de un fotógrafo, cuyas casi quinientas páginas recogen una amplia selección de lo mejor de la obra de Juan Vacas. El pleno del Ayuntamiento de Córdoba le entrega, el 24 de octubre de 2000, la Medalla al Mérito de la Ciudad en su categoría de Oro.
Si tuviera que destacar una faceta de la labor creadora de Juan Vacas me quedaría con su carácter autodidacta. En cierta ocasión, me comentaba el también fotógrafo y antiguo profesor de la Escuela de Artes y Oficios, Andrés Roig, que Juan acudió a este centro para explicar su técnica en el manejo de la técnica del colorvir –obtención de imágenes en color a partir de negativos en blanco y negro- al finalizar la sesión comentaba con cierta tristeza, que le hubiera gustado poder contar con un centro como aquél, para haber aprendido los rudimentos de lo que él logró a base de tesón y esfuerzo.

No descubro nada nuevo al afirmar que Juan Vacas es el auténtico patriarca de la fotografía cordobesa contemporánea, de cuyas fuentes beben las nuevas generaciones de fotógrafos, siendo uno de los principales responsables de que en el exigente mundo de la fotografía nuestra ciudad ocupe un lugar de honor. Tal afirmación queda refrendada por el hecho de figurar, por méritos sobradísimos, en el Diccionario Espasa Calpe de Fotografía, que publica su biografía entre otras muchas de grandes fotógrafos del mundo. Juan Vacas, el maestro Vacas, se ha convertido en un auténtico un mito para las nuevas generaciones de artistas fotógrafos de Córdoba, en las que su legado y sus enseñanzas son innegables. Meses antes de su muerte mostraba sus esperanzas en la creación de un centro de fotografía en Córdoba, un Museo de la Imagen al que él habría aportado alrededor de mil imágenes.
Juan fue un consumado melómano. Parafraseando a Terencio, nada de lo que le rodeaba le era ajeno, por lo que todo será objeto del inquieto objetivo de Juan quien, haciendo gala de la humildad y sencillez que siempre caracterizó a este hombre de bien, en la introducción de su libro Sueños de un fotógrafo, definía sus obras como bromuros en los que había plasmado “monumentos, personajes y aspectos de una ciudad que creo que es única en el mundo y que me acogió hace 50 años como a uno más de sus hijos…”. Y señalaba la campiña cordobesa como fuente de inspiración dada “la sensualidad de sus suaves lomas y los ocres maravillosos de sus tierras.” Después, gracias a su absoluta libertad en el aspecto fotográfico, al ser para él una vocación y no una profesión, inició sus llamados Ensayos; fotogramas, negativos vèrre, virajes múltiples, etc…, “sin pensar nunca en buscar alguna clase de ‘ismos’, concepto que creo corresponde más que a nadie a los críticos del arte.” Así de fácil.
Algunas de sus más importantes creaciones fotográficas se encuentran hoy en el primer museo de arte contemporáneo del mundo, el MOMA de Nueva York y en otras colecciones como la de la Fototeca de Córdoba, la Fundación Pública Municipal Gran Teatro de Córdoba, el Ministerio de Cultura español, la Sociedad de Historia de la Fotografía Española, el Museo Nacional de Breszia (Italia) o la Facultad de Veterinaria de Moscú (Rusia), por citar sólo algunos ejemplos.
A propósito de los retratos de Juan Vacas, el también fotógrafo Pedro Avellaned sostiene que: “La utilización de la luz es fundamental en los retratos de este fotógrafo […] Un retrato es una batalla incruenta –a veces no tanto- que establecemos desde el mismo momento en que pensamos en hacerlo. Una batalla casi siempre ganada en este caso, porque los personajes utilizados por Juan son la imagen del fotógrafo sin dejar de ser la propia.”

Mientras que en opinión de Vicente del Amo Hernández: “Sus paisajes traslucen el humanismo de una generación desarrollada en un marco de grandes dificultades materiales y culturales, en la que primó el interés colectivo sobre el propio y que de la nada y a base de coraje y cariño, creó las bases sobre las que descansamos nosotros […] Sus fotografías destilan una calidez y elegancia que será recuperada y apreciada de nuevo cuando nos cansemos de las modas de acritud gratuita.” Y culmina: “La obra de Juan, tiene por sinónimo definitorio, la extensa y profunda palabra: honradez.”
En el año 2000 el Ayuntamiento de Fuente Ovejuna creó el Premio “Juan Vacas” de fotografía de Semana Santa, como punta de lanza de una nueva manera de entender esta festividad religiosa, dejando a los autores desbordar su imaginación con la aplicación de técnicas digitales, aportando obras inéditas espectaculares y artísticas.
No quiero dejar pasar esta oportunidad para resaltar una de las facetas fundamentales de la personalidad de Juan, sin la cual difícilmente podríamos entender su figura artística y humana, me refiero a su condición de padre. Padre en el sentido más amplio de la expresión. Padre de una extensa familia compuesta por su esposa y sus siete hijos e hijas que, con el tiempo, fue ramificándose como un gran roble que da cobijo, sombra y seguridad. Una familia en la que siempre fue una realidad la máxima Evangélica, recogida en los Hechos de los Apóstoles (2, 44-45), de que “todo lo tenían –y esta familia lo sigue teniendo- en común”. En los tiempos que corren resulta conmovedor el contemplar cómo la cara se ilumina y los ojos adquieren un brillo especial cuando sus hijos Conchi o Juan Manuel, de los que me precio de su amistad, hablan de su padre… No se puede pedir más a una vida: alcanzar la cumbre en el arte fotográfico, su gran afición, y, sobre todo, ser una persona íntegra que ha sabido dejar su semilla de bondad y honradez en una familia de verdad.
Foto portada: Juan Vacas fotografiado por José Díaz Tienda. Foto cortesía de José Díaz Tienda.





