Reflexiones heterodoxas | Medicina Dei

 “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y tienen acceso a la gloria de su presencia.” (Tob. 12,15)

El Arcángel San Rafael es conocido en la tradición veterotestamentaria como el sanador, protector de los viajeros y de los novios. Su nombre proviene del hebreo, Rāp̄āʾēl y significa ‘Dios ha sanado’, ‘Dios sana’ o ‘Medicina de Dios’, tal y como reza en el frontispicio de su camarín en la iglesia del Juramento, en la plaza que lleva su nombre. Según el Talmud babilónico, Rafael se identifica como uno de los tres ángeles que se le aparecieron a Abraham en el roble de Mamre, en la región de Hebrón, los otros dos serían Miguel y Gabriel. Rafael también es mencionado en el Libro de Enoc junto a Miguel, Gabriel y Uriel. En el libro de Tobías, Rafael, bajo el nombre de Azarías, hijo del gran Ananías, actúa como guía y protector del joven hijo de Tobit, durante su viaje a la ciudad de Media, ayudándole a sanar a su padre y liberando a su esposa, Sara, del demonio Asmodeo que estaba enamorado de ella y había asesinado, antes d consumarse el matrimonio, a sus siete maridos anteriores. En la historia de la salvación, Rafael actúa como sanador, tanto física como espiritualmente, lo que lo convierte en un poderoso intercesor para quienes buscan alivio y consuelo, de ahí que San Rafael sea invocado para aliviar penas espirituales, así como cuando se va a realizar un viaje, contraer matrimonio o en situaciones difíciles. Invocar al Arcángel Rafael es considerado un acto de fe y esperanza, y se cree que recitar oraciones dedicadas a él puede facilitar la sanación y la protección divina. Por esta razón, en la tradición cristiana, también es asociado con el ángel sin nombre del Evangelio de Juan, quien mantiene las aguas sanadoras de la piscina de Bethesda. También fue considerado protector en la Europa católica de los marineros, tal y como ocurrió con Vasco da Gama, cuyo estandarte, en su tercer viaje, fue bautizado con el nombre de San Rafael, a iniciativa del rey de Portugal don Manuel I.

Una cordobesa, se detiene a presentar sus súplicas ante la imagen de San Rafael del puente romano. Foto: PacoRomán

Su iconografía, de sobra conocida por los cordobeses, lo representa portando bordón y calabaza para el agua, en alusión a su condición de viajero o peregrino, mientras que el pez, el que pesca Tobías siguiendo sus indicaciones, señala su condición de sanador, pues será con la hiel, el hígado y el corazón con lo que Tobías logra expulsar a Asmodeo de su asedio a Sara y cura la ceguera de su padre, Tobit. Tradicionalmente se le asocia con el color verde, que simboliza la salud y la renovación. Su imagen más reconocible para nosotros, los cordobeses, es la labrada por Alonso Gómez de Sandoval en 1735, amén de los once triunfos, como tradicionalmente, son denominados los monumentos situados en las entradas de la ciudad, que lo representan sobre una columna de altura elevada, siendo el más destacado el esculpido por el francés Miguel de Verdiguier, quien finalizó la obra en 1781 tras no pocas vicisitudes, pues la idea inicial de levantar este monumento fue concebida en 1736. El más antiguo no dispone de la típica columna y es el situado en el puente romano, obra de Bernabé Gómez del Río, erigido en 1651. Mientras que el más reciente es ubicado en la rotonda de la calle Sebastián Cuevas, levantado en 2014, realizado por la Escuela de Artes y Oficios Dionisio Ortiz, bajo la dirección de Rodolfo de Dios Alcalá, Concepción Losa Serrano, Pedro García Velasco. En 1925, Julio Romero de Torres representa al Arcángel con formas femeninas, rompiendo con la iconografía tradicional y con el mismo relato bíblico. Destacadísimo, también, es el cuadro que representa a nuestro Custodio, realizado por Antonio del Castillo para el Cabildo de la ciudad en 1652, y que durante el mandato de Isabel Ambrosio al frente del Consistorio, dio origen a una viva controversia que acabó felizmente desbaratando, por el deseo del gobierno municipal de retirarlo del lugar que le corresponde, pues fue realizado para su colocación en la sala donde se celebraban las reuniones del Cabildo municipal.

Cuadro de San Rafael obra de Antonio del Castillo. Foto: PacoRomán

Como es conocido, la devoción de Córdoba hacia su Arcángel Custodio data del laño 1278, siendo obispo de la ciudad don Pascual y Comendador del convento de la Merced, Fray Simón de Sousa, quienes sela ciudad. Al año siguientes, siguiendo el mandato que le había dado el Arcángel, era colocada su efigie rematando la torre de la Catedral. Tres siglos después, en la noche del 7 de mayo de 1578, se le aparecía al venerable padre Andrés de las Roelas al que le dijo las siguientes palabras: “Yo te juro, por Jesucristo crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”. Siendo este el momento, junto con el hallazgo de las reliquias de los Santos Mártires que se veneran en la basílica de San Pedro, tal y como había indicado, en apariciones anteriores, al padre Roelas.

En el día de ayer, los cordobeses tuvimos la oportunidad de celebrar su festividad, incluida en el calendario romano desde 1921, aunque en la revisión de 1969 la festividad fue trasladada al 29 de septiembre para coincidir con la de los arcángeles Miguel y Gabriel, la Iglesia permite que los cordobeses sigamos festejando a nuestro Custodio en su fecha tradicional del 24 de octubre, cuando raro es el cordobés que no participa en uno de los tradicionales peroles con que se festeja este día, pues rara es la familia que no cuenta con un Rafael o Rafaela entre sus miembros.

Foto portada: Triunfo de Miguel Verdiguier situado junto a la Puerta del Puente, el más conocido de cuantos jalonan la geografía cordobesa. PacoRomán