Reflexiones heterodoxas | ¡San Rafael no se toca!

Como bien es conocido en nuestra ciudad, el eslogan que da título a esta columna da nombre a una plataforma ciudadana, surgida durante el mandato en Capitulares del gobierno social-comunista, presidido por el tándem Ambrosio-González (2015-2019), a raíz del intento de quitar el cuadro de San Rafael de Antonio del Castillo, de la antesala del salón de plenos municipal, recordemos que el artista, en 1652, recibió el encargo de pintar esta obra para la sala donde se celebran los cabildos municipales, los actuales plenos. Pero claro, para la nueva izquierda iconoclasta y laicista, la presencia de este cuadro era algo inaceptable.

Este preámbulo viene a cuento del nuevo atentado a la tradición y al buen gusto, que se ha perpetrado con el cartel editado por la Federación de Peñas Cordobesas, con el patrocinio del Ayuntamiento, con motivo de la festividad de nuestro Arcángel Protector, San Rafael, porque, de nuevo, hay que gritar alto y claro, que “¡San Rafael no se toca!”. No entiendo cómo la Federación de Peñas, quintaesencia del señorío y la tradición cordobesa, que lo tiene como Patrón, ha consentido tal atropello. No seré yo quien, desde el punto de vista pictórico, le ponga una pega al trabajo realizado por Antonio Guerra, en absoluto, sólo digo que el Custodio de Córdoba es un arcángel que, como tal, ni tiene ni debe ser humanizado, precisamente por su esencia misma. Porque la iconografía al respecto está definida desde hace siglos.

¿Qué objeto tiene la pretensión de transgredir, declarada por el propio autor? ¿Humanizarlo, aproximarlo a nosotros? ¿Para qué? Si para los creyentes esa cercanía no se encuentra despojándolo de sus alas, o poniéndole el rostro reconocible de una persona concreta, si no que, por el contrario, la aproximación a la santidad se realiza a través de la oración, elevada desde lo más profundo del corazón, máxime en el caso de los cordobeses para quienes San Rafael está tan arraigado en nuestra esencia, basten recordar los once Triunfos que jalonan la geografía de la ciudad o la tradición de los peroles cuando llega su festividad, por lo que no tiene sentido darle vueltas de tuerca a lo que surge con la espontaneidad de una sonrisa.

Al final, estamos ante el mismo caso del cartel que sirvió este año para anunciarla Semana Santa sevillana, una obra pictórica intachable desde el punto de vista estético, pero ciertamente inapropiada para recoger todo un mundo de creencias, de sentimientos, de valores y de tradiciones en su conjunto, aquilatadas a lo largo de siglos de vigencia, pues le falta lo fundamental para una obra de estas características: la unción que le permite dar el salto desde lo mundano hasta la trascendencia.

Un gesto muy cordobés que demuestra la cercanía de los cordobeses con su Arcángel pararse ante el San Rafael del puente romano para rezarle un padrenuestro.
Foto PacoRomán