Verde Esperanza, 💙 Opinión

Responsabilidad o libertad

El avance de la vacunación en España, así como la mejora paulatina de la situación sanitaria a nivel de presión hospitalaria y decesos, está conllevando que, muy poco a poco, comience a vislumbrarse lejanamente un horizonte de recuperación de la tan ansiada normalidad.

Gran cantidad de sectores, por fortuna, comienzan a retomar el pulso de una actividad que se acerca a lo normal. Hostelería, deportes, peñas, bandas, manifestaciones, mítines políticos, actos culturales… Todos, en mayor o menor medida, ejercen su actividad con cierta normalidad, para alivio de los bolsillos y de la calidad de vida en general.

Sin embargo, los cofrades, con contadísimas excepciones, siguen viéndose obligados a quedar recluidos en los propios templos, siguiendo los mandatos de determinadas autoridades religiosas que prosiguen en su decisión de que así sea, limitando el culto al ámbito interno y suprimiendo, por el momento, el público.

Así, nos encontramos en una cierta dicotomía ante el panorama más próximo. ¿Responsabilidad o libertad? Hasta ahora, considero que el comportamiento que ha tenido el orbe cofrade ha seguido la senda de la responsabilidad, con una adaptación muy notable de los cultos de carácter interno a las recomendaciones sanitarias, así como la limitación total de cualquier tipo de culto externo. Todo ello pese a que la Junta de Andalucía no lo prohíbe, sino que simplemente recomienda no realizarlo.

En nuestro país el deporte oficial no es el fútbol, sino la envidia. Es lo que, por desgracia, mueve a demasiadas personas a realizar algo. Por ello, ahora que los cofrades estamos viendo que muchos otros sectores sociales comienzan a retomar su actividad, podemos estar fácilmente tentados a sentir ese agravio comparativo y a lanzarnos a la calle para no ser menos que nadie. Ojo, que no lo somos.

La bifurcación de caminos es clara y cada vez se antoja más próxima. O bien seguimos siendo extremadamente responsables y dóciles para los poderes fácticos que correspondan, o por el contrario damos un cambio de tercio y comenzamos a salir a la calle, siguiendo en la medida de lo posible las limitaciones oportunas.

Claro que este último camino encierra no pocos obstáculos. Dependerá de la entidad y el tirón devocional de la corporación que se lance a la calle con su imagen sagrada para medir la dificultad de adoptar las medidas sanitarias en lo que respecta a distancia social correspondiente. Piensen en determinadas cofradías de capitales de provincia que decidan hacer vía-crucis externos, e incluso piensen en las primeras salidas procesionales extraordinarias o en romerías. La organización para controlar al público se puede antojar complicada.

Desde la perspectiva del agravio comparativo, es muy fácil defender el por qué de salir a la calle con las imágenes sagradas a dar pública protestación de fe. La razón es tan sencilla como… si vemos manifestaciones, votaciones, eventos deportivos con sus correspondientes celebraciones, playas, fiestas, locales nocturnos, hostelería, que realizan su actividad casi en la normalidad, ¿por qué no nosotros? Algo así venía a decir el Obispo de Córdoba recientemente en una homilía, contrastando, por ejemplo, con los Obispados de Sevilla o Cádiz, que mantienen sus decretos prohibiendo el culto externo. Algo que evidencia que, dada la complejidad del asunto, ni entre el propio clero existe consenso en cuanto a la cuestión de seguir con el encierro en los templos o, por el contrario, optar por salir de ellos.

Hasta ahora los cofrades apenas hemos dicho aquello de esta boca es mía para presionar para que vuelva el culto público, pero conforme los demás ámbitos sigan proliferando sus actividades, intuyo que la situación dará un giro. Si los demás tienen esa libertad, resulta entendible en gran medida que nosotros también la demandemos.

Por ello, convendría analizar el tema desde el prisma de la sensatez, y preguntarnos si el de los cristianos es un sector social como cualquier otro, o si por el contrario su prioridad primordial es la de mirar por el prójimo con todo lo que ello conlleva, incluyendo el sacrificio propio.

Reconozco que en esta cuestión no soy capaz de emitir un juicio tajante, al ser un asunto que no puede ser tratado con ligereza. Por una parte, me pueden las ganas de retomar cuanto antes la normalidad, de tomar un derecho que es plenamente nuestro, el de la libertad religiosa, pero por otra no termino de ver claro el horizonte en lo que respecta a nuevas cepas que ya hostigan a otros países. No me gustaría que los cofrades fuéramos una más de las muchísimas causas por las que nuestra tierra vuelve a ser castigada por el maldito virus que truncó las vidas de demasiadas personas que partieron antes de tiempo. Sería, además, muy injusto que nos señalaran con el dedo cuando, como decía anteriormente, nuestro comportamiento ha sido ejemplar de principio a fin. Es labor de los cofrades encontrar el punto medio entre ambos extremos, buscar la tonalidad gris entre el blanco y el negro.

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