La firma invitada, Opinión

Romería de día, romería de noche

Toda cofradía cuenta con un día especial que emana de la identidad de la sagrada Advocación a la que rinde culto y veneración permanente. Esa fiesta se marca con personalidad propia e inimitable en el calendario de celebraciones anual de un pueblo o de una comunidad cristiana y se aguarda con ansiedad durante todo el año. Además, esa fiesta principal reúne en si todos los elementos que la hacen especial, diferente, plena de espiritualidad y un absoluto derroche de emociones vividas junto a familiares, amigos y hermanos en cofradía. Es, por ello, la fiesta más importante del año.

Cuando la devoción es especialmente intensa entre el pueblo fiel, es normal que existan toda una serie de cultos y actos que se desarrollen a lo largo de todo el año y que, aunque con menor intensidad, nos recuerden la gratitud debida a Dios y el amor tributado a Él, a la Santísima Virgen y a cuantos santos y santas nos han precedido en la Historia de la Salvación recibida por el sacrificio de Cristo Jesús.

Es en relación a una de estas fiestas de la que hoy os quiero hablar. Se trata de la celebración del aniversario de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza en el Cerro Santo homónimo situado en el corazón de la Sierra Morena de Andújar (Jaén), que, según la tradición recibida, ocurrió en la jornada del 12 agosto de 1227.

Tanto en su Fiesta Principal que tiene lugar durante los días que rodean al último Domingo de Abril como en la noche del 11 al 12 de agosto, encontramos un paralelismo demasiado acusado en los actos celebrados. Así, se da el caso de que en ambas celebraciones tendrá lugar la presentación de cofradías filiales ante Nuestra Señora, el traslado de la Santísima Virgen a sus andas procesionales, su procesión de traslado hasta la lonja de los aljibes, donde se produce un nuevo traslado de las Sagradas Imágenes de Jesús y María junto al altar donde se celebrará la solemne Santa Misa presidida por el obispo o por uno de sus vicarios; tras la celebración eucarística, tendrá lugar el traslado de Nuestra Señora de vuelta a sus andas, la procesión por las calzadas del Cerro de regreso a la Basílica y el traslado de vuelta al camarín de la Sagradas Imágenes.

No siempre fue así, no vienen de antiguo estas “celebraciones en espejo”. La jornada en la que conmemoramos el Aparecimiento de la Santísima Virgen en el Cerro de la Cabeza estuvo marcada por actos muy distintos, que daban identidad a la celebración y le concedían unos rasgos que la hacían diferente y emotiva.

La celebración tal y como hoy la vivimos, ha dado lugar a una dicotomía que priva a la Fiesta Principal de la plenitud de su sentido y carácter. Hasta tal punto esto sucede, que hemos llegado a oír a aquellos que, “ante la imposibilidad de desplazarse hasta Andújar para la Romería de Abril, lo harán durante la Aparición, pues son prácticamente los mismos actos”, con el valor añadido existente antes de esta pandemia de que, al término de la procesión por las calzadas, en la Fiesta de la Aparición, las sagradas Imágenes quedaban expuestas a la devoción de los fieles asistentes en piadoso Besamano.

Tenemos, por tanto, las que podríamos llamar “Romería de día abrileña” y “Romería de noche agosteña”, algo que no es propio, lo miremos por donde lo miremos, y que requiere de un replanteamiento urgente en lo que respecta a la Celebración de la Aparición, porque la comodidad y el conformismo encuentran enseguida asiento y es muy fácil caer en la tentación de dejar así el calendario, algo que, me temo, será ya del gusto de muchos de los peregrinos y devotos de la secular devoción a la Madre de Dios y nuestra que guarda bajo su patronazgo y tutela a la ciudad de Andújar y a la Diócesis de Jaén.