La tercera entrega dedicada a los conventos sevillanos está protagonizada por Santa Inés. El cenobio fue levantado gracias a María Coronel. Como indica Salvador Guijo, coordinador de este último volumen, «Sevilla le debe un lugar destacado en su historia, ya que su valentía, sacrificio y astucia la convirtieron en un símbolo de resistencia y honor en la ciudad». Esta aristócrata sevillana «será siempre recordada por su heroísmo al enfrentarse a las persecuciones del Rey Pedro I, el cruel, defendiendo el honor de su familia».
La mayoría recuerda el episodio en el que vierte aceite hirviendo sobre su rostro, en un acto extremo que «simbolizó su determinación y resistencia» y hoy, la calle que lleva su nombre recuerda que allí fundó uno de los monasterios más insignes de la ciudad, convirtiéndose en un «referente cultural y espiritual, siendo por ella misma un ejemplo de dignidad y de fe respondiendo con fortaleza ante la adversidad». Con la puesta en marcha de este nuevo enclave, se daba forma a una huella que quedaría profundamente marcada en la memoria histórica y cultural de la ciudad, como el historiador remarca.

Adentrarse en la historia del monasterio de Santa Inés es también descubrir sus peculiaridades. «Engloba junto a otros como uno de los monasterios fundados en la época medieval como los de las Dueñas, San Clemente y San Leandro, estando entre los cuatro más antiguos. Tiene la particularidad de haber sido fundado sobre la casa familiar de los Coronel, luego la estética palaciega vertebra el núcleo fundacional. Mujeres insignes como la ya mencionada María Coronel, las Enríquez de Rivera formaron parte del elenco de religiosas que vivió en esta clausura. La particularidad también de tener una iglesia de tres naves de estilo gótico levantadas en 1411, siendo el único ejemplo de este tipo de construcciones entre los conventos de clausura femeninos de la ciudad». Palabras de Salvador Guijo, quien ha estudiado con anterioridad otros conventos. Fiel defensor de ellos, se muestra tajante sobre si a los cenobios les queda poco tiempo de vida: «Para nada. Los conventos no están destinados a desaparecer de ninguna manera. Estos forman parte de la identidad cultural, social, espiritual y religiosa de nuestra ciudad, desempeñando un papel fundamental en la historia de esta. Desde el punto de vista de la fe la existencia de estos centros de espiritualidad los convierte en pulmones que aportan aire nuevo a la iglesia. Las monjas de clausura dedican su vida a la oración y a la intercesión espiritual por el bienestar de la sociedad. Esta labor se considera una contribución intangible pero significativa ya que refuerza la fe y la esperanza de las comunidades. También podríamos hablar de la importancia que han tenido y tienen para la preservación cultural y artística, en campos como el arte sacro, la música y la arquitectura. Es histórica, igualmente su aportación en la educación y alfabetización, en la asistencia social y económica con la práctica de la caridad y la hospitalidad. Son núcleos de conservación de la fe y de las tradiciones religiosas, ya sean litúrgicas o culturales que forman parte del tejido espiritual de nuestra sociedad. Y por último podemos ver la importancia también de estos centros creados por mujeres como espacios seguros y dignos donde también se desarrollan personalmente y generan riqueza en conexión con la economía local de la ciudad».

En cuanto al aspecto religioso, no deja pasar por alto la influencia que han tenido en la creación de referentes devocionales para los sevillanos, participando incluso en fundaciones de cofradías: «Devociones ad intra muros clausura, se han convertido en referentes icónicos en la devoción de los sevillanos, saliendo de la clausura hacia el exterior. La devoción a la Virgen de las Virtudes del sevillano monasterio de San Leandro, imagen icónica para todos aquellos que partían a las Américas y convertida posteriormente en patrona del romatismo (reúma). Igualmente, ocurría con el Santísimo Cristo del Coral en el sevillano monasterio de Santa Paula, las Vírgenes del Tránsito en Santa Rosalía, en las Mínimas de Triana y en el Pozo Santo». Más allá de la capital, recuerda la importancia del Cristo de la Victoria de Serradilla, «una imagen encargada para un hospital que después se convertiría en convento de agustinas y arrastra la devoción de una comarca». Pero también sucedía, al contrario, con devociones ad extramuros clausura «que se introducían por las religiosas entrantes dentro de los cenobios, haciendo partícipes de la misma a toda la comunidad», por lo que estaríamos considerando estos espacios como «un eco de la ciudad dentro de sus muros». En cuanto al santoral propio de cada convento, los referentes aumentan, como es el caso de «Santa Rita, San Martín de Porres, San Pancracio, Santa Marta o San Blas y San Antonio del convento de Santa Inés, así como un largo etcétera de devociones innumerables».
De San Leandro a Santa Paula
El primer volumen está dedicado al monasterio de San Leandro. El pasado año, se llevó a cabo una interesante iniciativa titulada De Corazón, donde diversos artistas expusieron sus obras, las cuales pudieron ser adquiridas. Una respuesta por parte de los sevillanos que superó todas las expectativas: «Gracias a Dios, a su Providencia y a los sevillanos que participaron con sus donativos y en este evento la hospedería ha logrado finalizarse en lo que a construcción se refiere». También se ha podido adecentar el patio del compás, solando el mismo en barro y recuperando la estética que originariamente tuvo hasta la reforma de los años 70 del pasado siglo. Por delante todavía quedan diversos trabajos de pintura, carpintería y electrificación de la iluminación de las futuras salas de exposición, además de la instalación del ascensor «a la cual se comprometía el alcalde de la ciudad en la última visita qué hizo al convento con motivo de De corazón». Un largo proceso al que se suma el remozamiento de la fachada del convento en la zona de la plaza de San Ildefonso, manifestando Salvador que «sería un deseo y un anhelo que el Ayuntamiento también se comprometiese en el arreglo de la misma y que esta plaza histórica de la ciudad se reurbanizase y pudiese contar con arriates generando una zona verde de naranjos que dieran sabor a las fachadas del convento y la neoclásica iglesia de San Ildefonso».

El segundo volumen estuvo dedicado a Santa Paula. Su impresionante museo fue pionero en Sevilla, abriendo en 1976. Poco a poco, los cenobios han ido mostrándose al público, enseñando obras de arte de primer nivel. A pesar de ello, el historiador se lamenta, ya que considera que «la ciudad no reconoce el importante legado de los conventos a la cultura de Sevilla. Estos espacios son el deleite de unos pocos privilegiados con gran formación y gusto por la cultura y el humanismo. El común de los sevillanos y visitantes no los conoce. La clase política debería ser consciente de la importancia que estos espacios monacales tienen para la ciudad de Sevilla y el gran atractivo culturalmente hablando que podrían ser como reclamo de una ciudad monástica, siendo la segunda después de Roma con mayor número de espacios cenobíticos en activo en el mundo».
En contra de lo que pudiera pensar la sociedad, los conventos siguen vivos, desarrollando una labor inestimable. La ciudad cuenta con más de quince cenobios en la capital, siendo treinta y cinco si sumamos la provincia. Durante el II Congreso de Hermandades y Piedad Popular que se celebró en la capital andaluza, pudimos asistir a la participación de los conventos «abriéndose a la llamada que el pastor hizo hacia su iglesia local». Jornadas de oración, de recogimiento en torno al Santísimo Sacramento, con el impulso de la Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua y San Antonio de Padua. A pesar de este esfuerzo, «fue una pena que no hubiera repercusión de los actos que se hicieron en los conventos con ejercicios de piedad popular extraordinarios recuperando tradiciones en enclaves únicos y nunca vistos para el común de los sevillanos». A título personal, echó en falta «a alguno de los tres prelados que posee la ciudad en alguno de los seis actos que se hicieron en la semana previa al congreso». Salvador, por su parte, continuará defendiendo el legado de los cenobios, intentando hacer todo lo que esté en sus manos «para que puedan seguir cumpliendo con el fin espiritual para el que fueron creados».






