Se puede

Sevilla. 1521. Don Fadrique Enríquez de Ribera, Primer Marqués de Tarifa, vuelve a su palacio tras un viaje a Tierra Santa. Instituye entonces un Vía Crucis a la Cruz del Campo formado por doce estaciones. Los disciplinantes rezaban el padre nuestro o el credo mientras caminaban el mismo trayecto que hizo el Señor desde el Palacio de Pilato hasta el monte Calvario.

Ese es, hasta día de hoy, el inicio material de la Semana Santa en la ciudad. Un comienzo que ciertos cofrades, que no creyentes, ven muy lejano. Sin embargo, hace poco tiempo que vivimos una estación de penitencia similar en la ciudad. Fue el año 2012. Era Lunes Santo. La meteorología no acompañaba. Las Hermandades de la Redención y San Gonzalo decidir salir a la calle, sufriendo un aguacero que las obligó a refugiarse en la Anunciación y la Magdalena, respectivamente. La Vera+Cruz pudo completar su Estación de Penitencia, aunque de manera muy distinta a como acostumbra. La corporación partió hacia la Santa Iglesia Catedral durante un margen sin agua de apenas tres horas. El cortejo lo presidía la reliquia del Santo Lignum Crucis escoltada por el patrimonio humano de la hermandad. Las imágenes se quedaron en casa, sí, pero el nazareno hizo lo propio, penitencia. ¿Realmente cambió el panorama? ¿Verdaderamente fue diferente a otros Lunes Santos? Yo estaba allí, en el cortejo, viviendo cada segundo, y puedo afirmar que no. Era un riesgo salir, claro, pero también lo era quedarse. Se trataba de dar pública protestación de fe en las calles, y como tal lo hicimos, defendiendo el culto público, un derecho que todo creyente tiene.

Ocho años más tarde las circunstancias, sanitarias y no sanitarias, nos llevan a la misma tesitura. No hablo de necesidad económica, turística o tradicional. No. Ese es un melón que se abrirá a su debido tiempo. Hoy habló de fe, de devoción. Sé que son términos que a muchos puede parecer banales o secundarios. Pero gracias a ellos surge las hermandades. Gracias a ellos nace nuestra Semana Santa. El motor de nuestras procesiones era llevar al enfermo, al desamparo o al simple devoto la esperanza de ver al Señor, metafórica o físicamente, por sus calles. Era una necesidad. Un bálsamo imprescindible ante cualquier adversidad. Vivimos tiempos complicados, tal y como pasaba hace cinco siglos. Afrontamos un futuro muy complicado a corto o medio plazo, y no todo el mundo tiene la suerte de acercarse al Sagrario a rezar al Señor. Por tanto se puede y se debe mantener culto público, se oponga quien se oponga, dentro o fuera de la iglesia. Con pasos o sin ellos, el Señor debe salir al encuentro de quienes más lo necesitan, con pasos o sin ellos. Lo demostró la Vera+Cruz en el año 2012. No hace falta una imagen para mantener viva la llama de la fe. Vivimos en una sociedad de gestos, y eso lo que se demanda al cristiano y a las hermandades. Un gesto. El gesto que esperamos.