Llegó el momento de decir adiós. Ese sendero de sueños llegó a su fin. Y lo hizo de manera brusca, con un precipicio que, aún anunciado, no quieres creer que va a llegar tan pronto.
Ese sendero ha sido el transitado día a día con ilusión, con la esperanza de un final en el que paz y la paciencia eran los regalos que esperaban. Paz en la conciencia por haberlo hecho bien, por no ser oveja negra, como diría el de La Chicotá. La paciencia de sentirme otra oveja en otro rebaño; pero igual de blanca que en el otro.
El desasosiego del alma me rompe por dentro. El corazón se ha partido en mil en una noche que el cielo lloraba. No te he fallado, lo sabes. Tú y yo lo sabemos. Tu servidor siempre irá contigo, al igual que aquel que me enseñó que el verde es el color del amor, de la amistad y del trabajo.
Otro sendero me aguarda. No sé muy bien cuál exactamente, pero siempre siendo oveja blanca en el rebaño de mi Pastor y mi Señora.





