Hay veces que no nos paramos a reflexionar sobre la suerte que tenemos. Y no lo digo por pena o compasión, sino por eso mismo, por ser suertudos, como les digo a las pequeñas de mi casa.
En estos días he visto videos difundidos por la Hermandad de La Macarena en los que, personas invidentes, podían «conocer» a la Esperanza a través de un busto. Ese vídeo me hizo pensar en cómo la verían ellos, cómo se la imaginarían…
Todos tenemos grabado a fuego el rostro de nuestra madre, la terrenal y la del cielo. Conocemos hasta su última facción, ¿verdad?, podríamos describirla en cualquier lugar, en cualquier momento sin equivocarnos.
Los cofrades nos jactamos de conocer a nuestros Titulares al más mínimo detalle. Les voy a decir una cosa. Viendo la cara de esas personas tocando el busto de la Macarena, estoy convencida que ellos son los que conocen el verdadero rostro de la Esperanza.





