Así de tajante se mostró un conocido cofrade durante una tertulia de las que suelen celebrarse semanalmente en la capital. Su afirmación no pasó desapercibida para los presentes, que impacientemente esperaban su turno para dar su opinión con respecto a este tema. La afirmación viene a ser reflejo de un pensamiento que se ha instalado en el mundo cofradiero y que sibilinamente va alejándose de las sombras y tomando color.
Esta es una de esas ideas que aparecen en una época en la que vuelven a ponerse de manifiesto el gran número de procesiones que tienen lugar en Sevilla, principalmente durante estas fechas, donde a medida que se añaden nuevos pasos menguan los efectivos policiales para el resto de eventos. Si este plan se llevase a cabo, o al menos así lo pide un nutrido sector que señala que bastantes filiales apenas llevan público y deberían suprimirse porque no tienen relación con la ciudad, se suprimirían Araceli, Virgen del Mar, Montemayor, Guadalupe —la de Extremadura y la de Úbeda—, Cabeza, Sierra y Prado. Y, aunque no sean filiales, pero como representan a otras advocaciones que no son netamente sevillanas, me viene a la cabeza por ejemplo que también eliminen a Valvanera o las Nieves.
Puestos a suprimir, podrían hacerlo también con aquellas devociones que son propias de órdenes religiosas que no nacieron en Sevilla, como Mercedes, Rosario o Carmen que, aunque con gran arraigo en la ciudad, son advocaciones de diversas congregaciones. Y también Pilar, con la importancia —capital para entender la religiosidad popular— que representó en otros tiempos. Y las Auxiliadoras quedarían también en el olvido. Si echamos cuentas, ¿nos queda alguna advocación en las Glorias aparte que no sean las Pastoras? ¿la Milagrosa, Amparo, Todos los Santos, Pura y Limpia, por ejemplo? ¿Alguna de ellas no llegó con una orden hoy olvidada? ¿No es la Esperanza una advocación impulsada por los basilios? ¿Y la Virgen de la Encarnación de la Esclavitud de Nuestra Señora?
Parece ser que las cruces de mayo se han venido realizando en la ciudad desde tiempo inmemorial y hay que protegerlas porque son el futuro de la Semana Santa —aquí no importa que en algunas no estén presentes ni los familiares—, y también hay que proteger aquellas de culto doméstico porque encienden la llama de la veneración de los fieles y los vecinos del cuarto piso. Las soluciones radicales chocan de frente en una ciudad que siglos atrás fue puerta abierta al mundo pero que hoy, convertida en una especie de parque temático con tanto hotel y tanta estrella, ve cómo pierde parte de su identidad. Y puestos a disparar…
Se olvidan de que Sevilla, mariana —no lo digo yo, ya sabes dónde se recoge— encuentra gracias a todas las Glorias, sin excepción de ninguna, la veneración a la Virgen, seña de identidad, de indudable valor, de esta ciudad, de un país que Juan Pablo II calificó como «Tierra de María». Por cierto, las hermandades rocieras también son filiales. Que la Virgen del Rocío nos arroje luz.





