La noche de este sábado fue protagonizada por Antonio Morales, Pregonero del Costalero de la ciudad de Córdoba, quien recitó un Pregón lleno de historia desde los profesionales a los cuáles alabó por su trabajo que dio pie a las cuadrillas de hermanos costaleros años después. «¿Era la fe lo que motivaba a estos hombres, o simplemente lo hacían por una remuneración?» Terminó con un verso hacia los profesionales que recordó el buen hacer de estos hombres.
El comienzo fue especialmente emotivo recordando «a gente recientemente llamada por el capataz celestial a su cuadrilla a la cual todos soñamos pertenecer cuando llegue su llamada, allá en la eternidad». Recordando a Juan Antonio Parra «Parrita», José Avila «Caifas » y Raúl Arce. Dos nortes para una misma brújula. Emotivo fueron sus recuerdos, a cual mejor, a dos capataces maestros para él, como «el niño Muñoz» y su hermano de martillo Ignacio Torronteras. Anécdotas únicas las recordadas por Toni y que hicieron que se emocionara el y al público allí asistente.
Aquel joven que nos contó una historia de amor, con el mundo del costal. Describió sus vivencias para contar ya los 33 años de costalero y sus avatares. Puso en su sitio a las nuevas modas en costaleros y criticó duramente a las nuevas generaciones que saben y entienden pero que en valores están muy escasas de ellos.
También tuvo una mención a «Curro» alaba do la labor de su amigo y capataz. Sobriedad, disciplina como herramientas con carisma y personalidad arrolladora para contagiar si manera de entender este mundo. Recordó también aquel negocio que nos hizo disfrutar con conciertos, carteles y un sitio de encuentro para los cofrades para tener olor a incienso y ver vídeos de Semana Santa durante casi todo el año.
«No se ha terminado apenas el bachiller costalero pero se dicta cátedra sobre el andar decesos u otra cuadrilla, y lo peor de todo, se hace daño despreciando el trabajo ajeno». Habló de la hipocresía sobre las cuadrillas en función del interés de cada uno. En función del interés que le interesara a cada uno, las cuadrillas eran de una manera o de otra. Así se quejaba que si eran hermanos los demás son «unos mercenarios sacapasos», si eran aficionados «hay que ver que mal andan los devotos». Criticó con dureza esta actitud por parte de unos y otros.
Hablo también de sus dos devociones como son la Esperanza y la Paz. Con Ellas sufrió y gozó y no entendía a esos ignorantes que pretendían sembrar discordia, con una supuesta rivalidad que nunca existió en su corazón. «Si por Dios lo damos todo, por una Madre… por una Madre hay que morir»
También quiso dejar claro que el trabajo fe un costalero es prescindible y ese trabajo lleva implícito esa penitencia, pero ese trabajo no nos convierte en elementos protagonistas de una manifestación de fe y nunca un costalero puede ser puede ser más que un nazareno siendo el verdadero sentido de nuestros cortejos el penitencial.
Acabó su pregón recordando que no entiende su vida sin un costal y una faja. «Volverá la trabajadera a ser la razón y el sentido de un oficio que nació para perdurar en el tiempo, de hombres de corazón limpio como el de aquel joven costalero»
Su epílogo fue recitando unos versos conjugando lugares típicos fe nuestra Semana Santa al paso de los distintos Titulares por esos rincones y con un verso al costalero.















