Opinión, Sendero de Sueños

Tiempo de espera

Tarde de nervios. De alguna tila que recuerda a amigos en la distancia y que te escribe con la única intención de hacerte saber que se acuerdan de ti. Hoy no era una salve cualquiera. Hoy era tu última salve en la parroquia. En tu pueblo. Esta tarde, cuando Almonte quiera, volverás a volar con la mirada puesta en la marisma. Esa marisma que quedó huérfana en agosto del 2019, que te despidió por nueve meses.

Y mira Rocío…

Será una noche de mágica en la que los sentimientos vivirán en continuo encuentro. Por un lado, la tristeza se apoderará del corazón. Ya no se podrán hacer noches de guardias. No se podrá visitar a la Virgen antes del trabajo, del colegio o los quehaceres diarios… A su vez, un reguero de alegría anunciará al corazón la cercanía de un nuevo Pentecostés. Un Pentecostés que de nuevo será vivido en su aldea. En sus marismas.

Pero para llegar a Pentecostés tu pueblo, tus hombres, te volverá a llevar sobre sus hombros las tres leguas que separan Almonte del Rocío en una jornada que no importa el calor ni el cansancio.

Y llegará la tarde… y tus camaristas te quitarán el pañito que te pondrían en el Alto El Molinillo. Y las promesas quedarán cumplidas a la espera de aquellas que los forasteros lleven el próximo Lunes de Rocío…

¡Qué grande eres Rocío que todos vienen a verte! La Virgen volverá a su camarín y tan sólo restará una semana para verte reinar por tus arenas sagradas.