Dicen que 40 años no es nada en términos de cofradías, y se equivocan quienes lo dicen, porque 40 años es toda una vida para las personas que las conforman y les otorgan sentido. 40 años dan para miles de vivencias, miles de anécdotas, miles de recuerdos imperecederos que forman parte de la idiosincrasia de una corporación y se erigen en elementos esenciales de quienes en sus entrañas dejan buena parte de sus vidas.
Personas como la Excelentísima Sra. Doña Amelia Ibáñez Jurado, abuela del artista cordobés Antonio Villar Moreno – que ha atendido amablemente a Gente de Paz para realizar una semblanza – y sobrina nieta de D. Vicente Blasco Ibáñez, que después de cuatro décadas teniendo el privilegio y la inmensa fortuna de ser camarera de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, ha decidido dar un paso al lado y que sean nuevas generaciones las que ostenten tal distinción.
Cuatro décadas junto a Ella, sintiendo su cercanía como solamente pueden sentirla aquellos que tienen el privilegio de formar parte de momentos íntimos, intransferibles y eternos como los que se sienten cuando se tiene la oportunidad de reflejarse en las pupilas de la Madre de Dios, hablarle muy bajito y contarle esas confidencias que solamente se comparten con una Madre.
Doña Amelia se incorporó a la hermandad, junto al propio Villar, a raíz de su amistad con Fray Ricardo de Córdoba, unos meses antes de que se bendijera la Virgen de los Ángeles, en 1980, siendo hermano mayor Fernando Morillo Velarde. Fue nombrada Camarera de la cofradía y posteriormente Camarera de Honor, distinción que seguirá ostentando mientras viva.
Su legado ha dejado una huella imperecedera en la hermandad. No en vano es considerada la gran impulsora del paso de misterio de Jesús de la Sangre, en el año 1998, cuando Mogali hizo las corazas y José Rodríguez los cueros, siendo hermano mayor Federico Roca de Torres.
A principios del nuevo siglo, Alfonso Muñoz Rodríguez le concedió la insignia más importante de la hermandad, la medalla de oro y brillantes, galardón que atesora además del primer candelabro de plata de la candelería de Nuestra Señora de los Ángeles. «Una mujer incansable», como la definen sus más allegados que ha vivido para y por su cofradía. Cuatro décadas inolvidables que forman parte de la memoria colectiva de la hermandad del Císter y toda una vida al servicio de la corporación a cuyo nombre se halla ligado con hilo de oro el de Doña Amelia para siempre.





