Ha vuelto a descender la Emperatriz Cordobesa de su camarín de San Cayetano para recoger el amor sincero de sus hijos depositando su devoción con un sirve roce de los mismos labios que pronuncian su nombre cada vez que buscan la cercanía de la Madre de Dios.Y una vez más, las manos expertas de Manuel Jiménez han vuelto a hacer brillar, como siempre, la belleza incomparable que emana de su dulzura infinita. La Virgen recibirá la visita del pueblo de Córdoba con la magnifica presea de oro que creara para su coronación el orfebre Manuel Valera que este año presenta la incorporación de joyas a la corona, sumando ya 262 piedras preciosas. La Madre de Dios aparece ataviada con la capa de salida, bordada por las Madres Adoratrices en 1946 y que ha sido sometida a una limpieza recientemente, luciendo en todo su esplednor. Porta el hábito de las florecillas y rocallas del siglo XIX, cubierto por su extenso joyero, uno de los más importantes de nuestro país, y luce la mantilla de encaje de aguja.
Por su parte, el montaje incluye la presencia de las imágenes del profeta Elías, uno de los padres espirituales de la orden y San Juan de la Cruz, quien fundó la comunidad de Padres Carmelitas Descalzos de Córdoba en 1586. El primero es una escultura atribuída a Alonso Gómez de Sandoval y el segundo es anónimo del siglo XVII, relacionado con Alonso de Mena.
La corona del dosel pertenece a las religiosas del Convento de Santa Ana, Carmelitas descalzas, el cual usan para celebrar sus cultos internos. Finalmente, el exorno floral está compuesto principalmente por rosas blancas y nardos.





















