Tradición de Epifanía, por obra y gracia de la Divina Pastora de Capuchinos

Cumpliendo la tradición la Iglesia Conventual del Santo Ángel ha acogido el besamanos de la Divina Pastora de las Almas, titular mariana del Redil Eucarístico de la Divina Pastora y el beato fray Diego José de Cádiz cuya sede se encuentra en Capuchinos. Con tal motivo, Antonio Villar Moreno ha ataviado a la imagen lefítica, después de 15 años sin hacerlo. Para la ocasión Villar ha vestido a la Virgen con un manto azul pavo real con bordados del siglo XIX que, bajo diseño de Fray Ricardo, el propio Villar pasó y enriqueció en 1995, complementado con la saya granate y corona de canasto de la misma época en plata de ley.

La imagen de Capuchinos es de autor anónimo, remodelada en los años 50 por el imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo y restaurada en 1994 por los imagineros cordobeses Francisco Romero Zafra y Antonio Bernal Redondo, quienes le devolvieron su antiguo esplendor. Ante Ella ha estado presente nuestro compañero Antonio Poyato para dejar testimonio de esta cita tradicional en el calendario de la ciudad de San Rafael.

La particular devoción de los capuchinos hacia la Divina Pastora nace en el siglo XVIII, período en el que, según la tradición, Nuestra Señora se apareció bajo un árbol ante fray Isidoro de Sevilla, ataviada al modo de los pastores y rodeada por un rebaño de ovejas. El relato se extendió rápidamente por todo el territorio andaluz, lo cual tuvo su repercusión en los distintos conventos de franciscanos capuchinos en los que, desde ese momento, comenzaron a levantarse altares en honor a la Divina Pastora.

La capital cordobesa no fue ninguna excepción y también aquí tuvo un gran auge desde un lugar tan emblemático como la inmaculada Plaza de Capuchinos. Allí, se dice, fue enormemente venerada la bella imagen de la Pastora – de la que no se conoce su autor aunque sí se pudo fechar su realización en el siglo XVIII, poco después de la mencionada aparición – hasta que ese fervor fue decayendo progresivamente, dejando a la bella talla en un discreto plano desde el que pasar prácticamente desapercibida durante largos años.

No fue hasta la década de los 90 del pasado siglo cuando la imagen de la Divina Pastora recobró su antigua relevancia y, con ella, su perdido protagonismo. Este cambio se produjo, una vez más, gracias a la más que notable influencia de fray Ricardo de Córdoba que, junto a un grupo de devotos, tomó la determinación de devolver el culto y la retirada atención a la que un día fuera nombrada patrona de los capuchinos.

A partir de entonces, la Divina Pastora del Convento del Santo Ángel volvería a estar en el punto de mira no solo con la celebración del Triduo en su honor, tradicionalmente llevado a cabo en torno al domingo del Buen Pastor, sino también con el besamanos en que la Santísima Virgen es expuesta en el interior del templo en la fecha del 6 de enero, festividad de la Epifanía del Señor.