Tristes protagonistas

Muy a nuestro pesar aparece ante nosotros una extensa lista, cada vez más amplia, copada por aquellos que se convierten en protagonistas -van en busca de ello- dentro de dos semanas. Y es tan ardua tarea ejemplificar al menos el comportamiento de algunos de ellos que realizaremos aquí, de manera esquematizada, una serie de actores que tristemente volverán a aparecer y a erigirse como si fueran ellos el centro de las atenciones.

Si alguien piensa que no aparecerán los costaleros que se creen más que los capataces, no hay más que ir cerca del centro para ver qué cuadrillas están ensayando de cara a la Semana Santa que se nos avecina. Vociferando volveremos a escuchar a más de un costalero, solapándose con el capataz cuando este llame su atención para la próxima levantá.

Y no podrán negarme que, viendo la cantidad de curas que se colocan delante de los pasos, a uno le cuesta pensar que estemos atravesando una sequía en las vocaciones sacerdotales. Porque, llegados a este punto, cabría preguntarse si realmente todos los que se presentan delante de los pasos o buscan un espacio privilegiado en el interior de los templos, son curas con pedigrí.

Si los móviles y cámaras fotográficas apenas dejan que la luz de los cirios sea la única que reluzca en las calles estrechas, ahora se suman aquellos que con sus palos selfies y demás complementos apenas nos dejen disfrutar de las imágenes. No hay más que recordar ese enjambre de cámaras que creaban un bosque tal que apenas dejaba que pudiera contemplarse la efigie del Cristo de la Conversión.

Estos aparecen ahora como nuevos integrantes de aquel grupo que nos enturbia la Semana Santa. Y se añaden a algunos especímenes ya conocidos, como los que se apostan con sus sillas, bolsa de pipas en mano, a esperar que pase la cofradía y ofrecen con arrojo una montaña de pipas que deja un escenario peor que el de Sierpes cuando comienzan a recogerse las sillas.

A la lista de personajes que se convierten en protagonistas, con méritos propios, no hay que olvidar tampoco los que forman parte de esta clasificación desde tiempo inmemorial, como los que empujan, los que se cuelan entre los cortejos y las bandas de música…