Nadie tiene la más remota idea del tiempo que hará en Semana Santa, quien diga lo contrario, miente

Todos los años ocurre exactamente lo mismo. Cuando el ocaso de la Cuaresma comienza a vislumbrarse por la lejanía del horizonte los cofrades comienzan a devorar con avidez las páginas webs dedicadas a pronosticar el tiempo con la esperanza de que la pertinaz sequía, que forma parte de nuestra idiosincrasia más profunda, se perpetúe al menos hasta que el último paso de palio se funda con la oscuridad de Santa Marina. Pues que quede una cosa clara antes de continuar leyendo: Nadie tiene la más remota idea del tiempo que hará en Semana Santa, quien diga lo contrario, miente. Lo deja meriadianamente claro, cada año por estas fechas, el tuitero Antonio Delgado, muy conocido en los ambientes cofrades por realizar de manera altruista pronósticos meteorológicos a lo largo del todo el año,  – respondiendo a todo aquel al que le pregunta – con especial intensidad cuando la Semana Santa se instala en nuestras vidas: «… todavía es imposible dar una predicción fiable para Semana Santa».

Es una de las ventajas y desventajas que tiene pertenecer a esta generación digital de la que formamos parte y que pone al alcance de un click tanta información como descontrol e ignorancia en su interpretación. Prever lo que nos deparará San Pedro la Mañana de Palmas y los días que la siguen, a más de dos semanas de distancia, es una quimera absurda que solo pretende tener un considerable incremento de visitas en las respectivas páginas web de información cofrade sin mayor fundamento científico que un pronóstico que cambia radicalmente en función de la hora del día en la que el espectador realice la consulta. 

Un fundamento científico con tan poca sustancia como la que puedan tener las famosas y ridículas cabañuelas que fallan sistemáticamente todos los años y que pronosticaron a finales del verano pasado – repito, ¡a finales del verano pasado! – una primavera pasada por agua entre el cachondeo generalizado de la inmensa mayoría de lectores, de los miles y miles de lectores, que han acudido a esta noticia desde que fue publicada con bastantes dosis de ironía, aunque muchos siempre se queden en el titular. Si aciertan este año será la primeva vez de los últimos cinco, si no me falla la memoria, de modo que no se me apresuren los defensores de esta pseudociencia en responder como así sea, vaya a ser que tenga que sacarles los errores precedentes.

Si ustedes hubiesen tenido la curiosidad o la santa paciencia de acceder al conocido portal de información meteorológica AccuWeather esta misma mañana, hubiesen comprobado cómo para el Valle del Guadalquivir, en el que se asientan ciudades como Córdoba o Sevilla, se vaticinaba un inquietante incremento de la inestabilidad a partir del Jueves Santo. Apenas diez horas más tarde el pronóstico ha cambiado radicalmente. Esa es la auténtica fiabilidad de este tipo de vaticinios a estas alturas de la película, con tantísima antelación: nula. Cualquier otra consideración que se haga al respecto es mentir, engañar al personal.

A la hora de redactar este articulo de opinión AccuWeather afirma que existe cierto riesgo de lluvia el Sábado de Pasión y cielos nubosos el Domingo de Ramos, el Lunes y el Viernes Santo con un pronóstico mucho más halagüeño el resto de la semana. Nada de lluvia, vaya. Ya les anticipo que, con total seguridad, si vuelven a consultar esta web dentro de 24 horas, el pronóstico será radicalmente diverso. ¿Que podemos hacer una noticia cada día o incluso dos por jornada contando una cosa radicalmente distinta? No les quepa duda, pero no lo haremos, al menos hasta que la cercanía de la Semana Santa permita que los pronósticos tengan cierta credibilidad, y por descontado utilizando fuentes mucho más fiables que Accuweather. Si quieren ver vaticinios de hechiceros de la tribu, acudan a otro sitio. Pero si prefieren no sentirse defraudados – y lo que es peor, cabreados -, tengan un poquito más de paciencia, al menos hasta dentro de una semana.