La vida depara en multitud de ocasiones tragedias incontrolables que provocan el lamento y la tristeza entre aquellos que sufren una perdida irreparable aún más cuando ésta tiene lugar de manera sorpresiva.
El clarinete de Marta ha quedado en silencio por culpa de un maldito accidente de tráfico que se la ha llevado al cielo. Sus familiares, sus amigos, sus hermanos… sus compañeros de la banda de música Tubamirum, toda Cañete de las Torres y todos los músicos que configuran el universo cofrade lloran su perdida mientras se multiplican las muestras de condolencia.
Una perdida que ha inundado de tristeza el pentagrama de la música cofrade por el vacío imposible de llenar que, a partir este preciso instante, Marta deja para siempre en el corazón de aquellos con quienes compartió cada sonrisa. Treinta años de ilusiones compartidas por obra y gracia de su amor por la música. Marta está ahora en la Tierra Prometida donde su clarinete jamás dejará de sonar. Descanse en Paz.






