La taberna de Julio, Opinión

Un cabildo memorable

Niño, otro follón en otra hermandad. Y van muchos. Evidentemente estas cosas solamente pasan en cofradías que mueven mucha gente y, consecuentemente, muchas pelas. Y ahí está el quid de la cuestión. Esto siempre ha sido así y siempre lo será, que nadie le quiera dar más vueltas.

Sí, claro, con una asistencia de cuarenta o cincuenta personas que un cabildo se dilate durante seis horas tiene su mérito y también su miga. Y otra tónica habitual: de por medio estaba el tema del costal, que es lo más sagrado que algunas hermandades tienen. Que ya es triste.

Tristes son no solamente los protagonistas de este tipo de disputas, sino también las increíbles actitudes de aquellos pastores que dejan al rebaño pelearse mientras ellos piensan o miran… yo qué sé a qué. Supongo que van a sus cosas, a sus temas. Pues una cosa te digo, niño. O a esto se le pone freno o los cimientos de la hermandad quedarán seriamente dañados.

Y así, a lo tonto, como quien no quiere la cosa, casi tocamos con la yema de los dedos la cuaresma. Y parece que fue ayer, niño, cuando dejábamos al Resucitado por Alfaros camino de Santa Marina. El tiempo vuela y nunca, nunca, es perdido.