Para gustos los colores y a mí no me gusta. Y no porque no esté magníficamente ejecutado, sino por sus ausencias. El Ayuntamiento de Sevilla ha sido el escenario de la presentación en sociedad del cartel concebido por el artista sevillano Jonathan Sánchez Aguilera para anunciar las Fiestas de la Primavera. Resultaba una evidencia que el cartel de Aguilera sería completamente distinto al creado por Nuria Barrera el pasado año, que recabó el aplauso prácticamente generalizado de los medios, y lo que es mucho más importante, de los sevillanos, que se vieron plenamente identificados en aquél inolvidable armario abierto de par en par.
Y a fe que lo ha sido. El cartel de Sánchez Aguilera es radicalmente opuesto. Las siete letras que conforman la palabra Sevilla lo componen. Siete letras que contienen elementos de la Semana Santa sevillana y la Feria de Abril. Ninguna referencia al Rocío, manifestación que el autor ha debido considerar ajena a la primavera hispalense, ni sorprendentemente al Corpus, una fiesta sevillana por los cuatro costados. Y es que la sencillez no debe estar reñida con la ausencia. Por eso no me gusta. Dos letras dedicabas a la Semana Santa, una a Jesús del Gran Poder y otra a un niño pidiendo cera. La Giralda como nexo de unión entre la primavera Sagrada y la profana. Una letra más, dedicada al mundo del toro y las dos “eles” que se funden en una “elle” para incluir el traje de flamenca. Aquí se halla el otro elemento simbólico de la obra ya que se observan los pies de una flamenca sobre la crea que aún permanece en el suelo.
Finalmente los farolillos dan contenido a séptima letra de un cartel cuyas letras presentan una tipografía cercana a los carteles de los años 30 y 40 que tanto éxito tienen en lo últimos años entre determinados círculos periodísticos que se han apresurado a manifestar su satisfacción tras conocer la obra. A mí, particularmente, me costará bastante olvidarme del «Alma de Sevilla». Un cartel sencillo que ya ha comenzado a recabar elogios y críticas, como no puede ser de otra manera. El tiempo dirá si los auténticos destinarios de la obra, los sevillanos, lo hacen suyo, como hicieron el del año pasado. Esa será la frontera entre el éxito o el fracaso.





