En el último boletín de cuaresma de una pontificia, real y centenaria cofradía cordobesa escribía su vice-hermano mayor que algunas vicisitudes acaecidas en el seno de la misma, concretamente hace referencia a ceses y dimisiones, “han creado una imagen en el exterior de falta de sensibilidad e incluso de idoneidad para gestionar los destinos de la Hermandad” por parte de su junta de gobierno. Si sorprendente es que uno de los máximos responsables de una institución reconozca que su corporación tiene una imagen pública más que mejorable, lo que de verdad llama la atención es que los mismos que deberían corregir esa percepción exterior sean los que se encarguen cada día de empeorarla.
El pasado sábado pudimos asistir a un magnífico concierto en el Teatro de la Axerquía. Magnífico en cuanto a lo musical pero un esperpento en cuanto a lo organizativo. No es de recibo que un grupo de responsables cofrades se rían de los pocos cientos de personas que allí se congregaron haciendo esperar más de una hora y media bajo una lluvia intermitente a que empezase el concierto sin dar la más mínima explicación; no es aceptable que se emita un comunicado diciendo que el retraso se anunció por megafonía cuando esos pocos cientos de personas fueron testigos de que no había megafonía, tan es así que ni siquiera hubo presentador del acto, ni se pudo escuchar como una de las bandas homenajeaba a un querido y añorado hermano de la Esperanza que colaboró en la organización del concierto; y no se puede concebir que mientras tanto la junta de gobierno organizadora no diera la cara y permaneciese escondida en uno de los laterales del escenario. Sin duda, el mencionado vice-hermano mayor tenía razón al asumir la imagen de falta de sensibilidad de su junta de gobierno.

En lo que se refiere a la falta de idoneidad, es muy posible que también esté en lo cierto. La escasa afluencia de público al acto confirma un error en su concepción y un desconocimiento del mundo en el que se mueven. El concierto fue bueno pero caro, más aún cuando se dirige a un tipo de público especialmente joven cuyos recursos económicos son limitados y compite con numerosos eventos similares, aunque menos mediáticos, pero gratuitos. Se celebró en unas fechas peligrosas por una meteorología imprevisible y al aire libre. No cabe la excusa de que hubo gente que no asistió por la lluvia ya que esa posibilidad debía estar contemplada desde un principio. Parece casi una ofensa que, salvo una excepción, no se tuviese el detalle de invitar a participar a las magníficas bandas que tenemos en nuestra ciudad y provincia que, en absoluto, hubieran desmerecido el acto ni restado un ápice de calidad al mismo. Para terminar y, a falta de que se haga público el resultado económico del concierto, todo apunta a un desastre financiero ya que, si -según hemos sabido- el presupuesto del mismo presentado al cabildo general de la cofradía suponía unos gastos estimados de 15.000 €, el público congregado a razón de 10 euros por persona no parece que ni siquiera alcance para cubrir la mitad de esos gastos.
Todo ello viene a ratificar esa percepción exterior a la que hacía referencia el segundo responsable de la hermandad. Sobre todo si le añadimos que es la misma que lleva un año esperando para reponer una lágrima a una imagen catalogada como bien de interés cultural, la que ha conseguido pasar de unos de los mejores cultos de nuestra capital a un amasijo de velas mal dispuestas y la que, en el colmo del despropósito y entre otras lindezas, el pasado año impidió con su retraso que otra cofradía pudiese realizar la carrera oficial durante su estación de penitencia.
En resumen, el vice-hermano mayor tiene razón: en la calle nadie piensa que sean los idóneos, así que rectifiquen.
Unos hermanos de Las Angustias





