Un jarro de agua fría

Las lluvias del pasado Miércoles Santo siguen hoy en día convirtiéndose en protagonistas. Quién lo iba a decir después de un verano en el que las miradas estaban puestas en los recuentos y las reformas que estaban por venir. De las corporaciones, la segunda parte es la que más ansiaba que los horarios de la jornada se pusieran encima de la mesa. Pero finalmente la declaración de que no se tocaría este día debido a las inclemencias meteorológicas de la pasada Semana Santa ha dado el aldabonazo a un asunto que llevaba bastante tiempo en el cajón.

¿Ha sido convincente esta respuesta? ¿No se han tenido en cuenta, con respecto a otras jornadas otros años donde la lluvia no ha hecho acto de presencia para poder reformar uno de los días que más problemas presenta? No falta el hermano mayor que piensa que son bastantes los asuntos a tratar en el recién comenzado curso y ante el cariz de los mismos mejor dejar otros temas para más adelante. Y aquí entraría el Miércoles Santo.

Porque aparte de la Madrugada o del Domingo de Ramos, donde las hermandades más céntricas de la nómina presentan manifiestos problemas, hay otros que también necesitan ser tratados. Si observamos el Martes Santo, San Esteban no está conforme con ser la primera de una jornada que dejó estampas como la llegada del misterio a una Campana prácticamente vacía. ¿El Jueves Santo le come terreno a la Madrugada o es esta la que debería comenzar más tarde? es otra de las cuestiones que lleva tiempo en boca de los cofrades, mientras que el palio del Valle llega a la Puerta de San Miguel acompañada por una ínfima cantidad de personas.

Pocos se niegan a rebatir que ahora urge arreglar la Madrugada. Porque más allá de los cruces entre las corporaciones o el pulso con el Jueves Santo, la soledad en las calles parece hacerse un hueco mayor a medida que transcurren los años. Urge un plan para reflotar una jornada donde acuden al templo metropolitano las máximas devociones de la ciudad. Mientras que días como el Viernes o el Sábado Santo han ganado una mayor presencia de público, la Madrugada necesita de una reestructuración tal para que no acabe imponiéndose la costumbre de que los devotos salen a la calle durante las primeras horas de la mañana para ver a los sagrados titulares de vuelta mientras que por la noche la ciudad está a medio gas.

A pesar de ser una jornada fundamental, ello no resta importancia al resto de los días que conforman la Semana Santa. Y si tiramos de hemeroteca, el Miércoles Santo es una de esas piezas del puzle que necesita encajar cuanto antes en el espacio adecuado. Ahora, con la elección del pregonero y el cartelista, las distintas salidas extraordinarias… el Miércoles Santo, aunque callado, seguirá necesitando de un acuerdo entre todos. El hecho de que se haga el silencio no es necesariamente sinónimo de que todo anda bien.