Sucedió el pasado mes de junio cuando una agrupación musical se encontraba tocando tras una de las imágenes letíficas que recorren las calles durante el sexto mes del año. La información llegó a un conocido periodista que prefirió callar los datos relativas a este hecho, sin comentar en el medio en el que trabaja nada al respecto. Pero esto no fue impedimento para que terminara extendiéndose esta información al resto del mundo cofradiero.
El acto tuvo lugar mientras que la agrupación tocaba tras la imagen, por lo que quienes accedieron al interior del autobús no pudieron sustraer los instrumentos musicales. Pero pudieron hacerse con algún móvil y cierta documentación importante, como los datos de identificación de algunos miembros, que más tarde encontraron a tan solo unos metros. Cuando regresaron, la imagen era más que llamativa.
Aunque pueda parecer un hecho aislado, la inseguridad, cada vez mayor, a la que se enfrentan las formaciones musicales en cualquier punto de la geografía hace que se tengan en cuenta una serie de parámetros con tal de que se proteja la seguridad así como las pertenencias de estas formaciones. Obviamente, no es un tema alarmante en la actualidad pero sí se presenta como imprescindible sobre todo cuando los músicos tienen que desplazarse a tocar en zonas más desfavorecidas.
La cuestión no es baladí para aquellas que alguna vez lo han sufrido y pasa por la mente el contar con personal extra que pueda controlar los vehículos o porque sean las propias juntas de gobierno las que contraten personal que vele por los vehículos mientras que estos permanecen aparcados, con el objetivo de que puedan garantizar la seguridad durante el tiempo que los miembros de las formaciones se encuentran en otro determinado lugar. Pero, ¿estarían dispuestas las hermandades a correr con este porcentaje que engrosaría el total a pagar a las bandas?





