Un verano diferente

Como cada inicio de época estival, el mundo cofrade se sumerge en el inquebrantable hábito del periplo vacacional que proporciona un merecido descanso tras un período de desenfreno de actos y procesionas que configuran, cada año, un conglomerado de sensaciones encontradas y renacidas durante el equinoccio de primavera.

El orbe se enmudece al mismo tiempo que tímidas celebraciones surcan los mares del calendario hasta arribar en la isla que supone el genuino acontecimiento que rememora la advocación de la Reina del Carmelo. Aquella que retornará a las calles en poco tiempo para alcanzar el éxtasis de la recuperación total de la idiosincrasia de las Cofradías tras el oscuro tiempo de la pandemia.

Pero, a pesar de que el verano suele conceder una tregua al mal valorado trabajo de las Hermandades, en concreto el que se nos presenta será la antesala de grandes acontecimientos que requieren de una organización y una logística necesaria. Y es que las dos magnas, la de Cádiz y Almería, volverán a poner ese punto cofrade al otoño andaluz, como hiciera el pasado año la capital de la Costa del Sol, en un momento en el que las Hermandades vuelven a coger esa verticalidad prepandémica de cara a recuperar los pasos desandados.