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Andalucía, 💙 Opinión

Una Semana Santa 2.0 en septiembre no hay por dónde cogerla

Ya sabrán que una de las noticias que ha sacudido esta época de confinamiento por la crisis sanitaria es el comunicado por parte del Vaticano, apuntando en la dirección de posibilitar salidas procesionales en septiembre. Algo que, amén de la triste situación que estamos viviendo, ha servido para que los cofrades encuentren un aliento de esperanza en el horizonte.

Hay que partir de algunas premisas. El comunicado está redactado con cierta ambigüedad que, al menos a mí, me invita al escepticismo, ya que no hace propuestas demasiado concretas. De hecho, el asunto de las «expresiones de piedad popular y procesiones» lo solventan en un párrafo de tres líneas, afirmando que «podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo el 14 y 15 de septiembre». Íntimamente relacionado con lo anterior encontramos la segunda premisa, y es que, aunque parezca estúpido recordarlo, estamos ante un comunicado emitido por el Vaticano para toda la religión católica.

No pensemos que las hermandades españolas, y nuestra forma de concebir la Semana Santa, son el centro del cristianismo. Es decir, este comunicado puede estar pensado para otro tipo de celebraciones de Semana Santa muchísimo más austeras, que puedan celebrarse en cualquier punto del orbe donde tengan lugar. El Vaticano, a priori, no se ha dirigido a los Obispados españoles o andaluces explícitamente para que reproduzcan la Semana Santa que vivimos en marzo o abril. Sin embargo, creo que si, como parece, delegan de esta manera en los Obispados de toda la geografía española, alguna procesión va a caer, no lo duden. Ya sea en forma de salida extraordinaria, de procesión Magna, con más o menos pasos, o reproduciendo como se pueda los desfiles procesionales. Pero que nadie piense en nazarenos por las calles.

Huelga poner de manifiesto la inviabilidad de reproducir una Semana Santa 2.0 en septiembre, con siete u ocho días en una semana en la que procesionen cada una de las hermandades. No olvidemos que cuando el comunicado menciona dos fechas orientativas (14 de septiembre, Exaltación de la Santa Cruz y 15 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de los Dolores), lo hace para emular el Jueves y Viernes Santo, por lo que podría incluir días previos a estas dos jornadas. Pese a la ilusión que pueda haber creado en la desalentada marea de cofrades que se han quedado sin procesiones, conviene plantear las razones por las que no resulta viable.

En primer lugar, y aún a sabiendas de que la economía de nuestro país necesitará reactivarse tras los tiempos de crisis económica que se avecinan, y que no está de más que el cristiano y el cofrade encuentre un aliciente para continuar su actividad tras el varapalo sufrido, considero que justo ahora, cuando precisamente en Italia y en España el número de casos contagiados y de fallecidos por el virus se encuentra en escalada meteórica hacia el precipicio, no es el momento de estar pensando en procesiones al uso en la calle. La Semana Santa ha tenido que suspenderse por una irrefutable causa de fuerza mayor. Toca pasar página y pensar en volver a la normalidad y en la Semana Santa del año que viene.

Por otra parte, aunque de realizarse seguro que, convenientemente, se camuflaría de forma disimulada, no tiene ningún sentido, desde el punto de vista litúrgico, celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo a través de procesiones en septiembre. Es como celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús, en el mes de mayo. Carecería del más mínimo sentido.

Pero llegamos al tercer y último punto, y quizá el más importante. Desde un punto de vista meramente pragmático, resultaría complicado que las grandes capitales organicen una Magna o salidas procesionales (si es que se concentran en uno o dos días), amén de que muchas deberían, por motivos de simple matemática, quedarse sin poder salir. Con respecto a pueblos pequeños, en los que no sobran costaleros, la dificultad para que las salidas procesionales se lleven a cabo con normalidad es aún mayor, por motivos de logística. Y en cuanto a las bandas, si todas las salidas procesionales se celebran un mismo día, hay Hermandades que tendrían muy complicado encontrar acompañamiento musical. 

En definitiva, la organización de salidas procesionales en uno o dos días en todos y cada uno de los lugares de nuestra tierra, desde el punto de vista logístico, es radicalmente inviable. No se puede hacer. Por ello, considero que debemos afrontar la cuestión con mucha calma y frialdad, no tomar ninguna decisión en caliente, y menos ahora que el panorama a corto-medio plazo es desolador. Una vez superada la tempestad, sentémonos a ver si realmente compensa sacar pasos a la calle en septiembre, o si en cambio resulta más beneficioso esperar unos meses más para retomar la normalidad absoluta, con más ilusión, esperanza y fuerza que nunca. Pero siempre con cabeza y coherencia.

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