En este año 2019 se cumplen 25 años de la bendición de la imagen del Santísimo Cristo del Amor, tallada por el imaginero Manuel Hernández León, que tuvo lugar allá por el año 1994.
No puedo hablar sobre lo que sucedió en aquel acto de bendición, puesto que quien les escribe apenas sabía andar. Pero sí considero muy pertinente destacar cómo el crucificado se ha hecho con un hueco en el corazón de los hermanos de la Cofradía, los linenses, e incluso allende nuestras fronteras.
A pesar de esa radiante y cautivadora luz que desprende nuestra Virgen de la Esperanza, la devoción por el Santísimo Cristo del Amor ha ido cobrando cada vez más importancia con el transcurrir de los años. Un cuarto de siglo ha pasado, y ya el pueblo linense no entiende un Viernes Santo sin ese dulce intercambio de miradas entre el imponente crucificado de Hernández León y Santa María Magdalena, obra del propio imaginero sevillano, siempre fiel, a los pies de la cruz, redimida de sus pecados.
Somos muchos los que, de un modo u otro, a lo largo de estos años nos hemos acercado bajo la mirada del Amor y hemos terminado prendados de ella. Desde una trabajadera, bajo un antifaz, alrededor del Señor el Viernes Santo, con la rodilla postrada en el reclinatorio que se encuentra situado a los pies de tu altar, e incluso a través de Internet, quien cruza la mirada con la suya… difícilmente no queda cautivado de su tierno y cálido Amor.
Aquel crucificado que comenzó procesionando el Viernes Santo de 1995 ya junto a la Magdalena sobre su antiguo y sobrio paso, sin acompañamiento musical propio, hoy en día corona uno de los grandes pasos misterios de la provincia con un majestuoso discurrir procesional. Veinticinco años dan para mucho, desde aquel momento en que San Bernardo conoció a su Cristo del Amor, hasta el más radiante presente con el tallado de su nuevo paso. Todo ello pasando, como no podía ser de otra manera, por momentos buenos y otros menos buenos. Sin embargo, la evolución es más que evidente, y la devoción por el Dios del Amor arde con más fervor que nunca, aunque aún quede mucho por hacer y mejorar. Que sean muchas décadas más las que el Señor nos brinde su consuelo, Amor y salud para seguir sus pasos, cada uno de nosotros desde su humilde posición. Yo, por mi parte, seguiré aferrándome a la madera de la trabajadera como instrumento de sacra oración mientras Él me lo permita.
Artículo publicado en el Boletín informativo de la Venerable y Fervorosa Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Amor, María Santísima de la Esperanza y San Bernardo Abad de La Línea de la Concepción, publicado en la cuaresma de 2019 en su edición número 31.
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