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Evangelium Solis, 💙 Opinión

“Vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento”

Una semana más llega a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis. Hoy comienza un nuevo año litúrgico. Este domingo empieza el tiempo litúrgico del Adviento, algo que la mayoría de los cristianos desconocen y a los que lo saben les trae sin cuidado. Según la tradición de la Iglesia, este tiempo está unido a la esperanza en la espera del Señor, que ha de venir en gloria y majestad de nuevo hasta nosotros.

Lectura del santo evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Palabra del Señor

¡Feliz año nuevo! Pistoletazo de salida a los 365 días que tenemos por delante para afianzar nuestra fe, acrecentar la esperanza y vivir más hondamente la caridad, camino de la eternidad que nos espera, siendo fieles al Señor y viviendo en comunión con nuestros hermanos de viaje, con los que formamos la Iglesia de Cristo.

En adviento recordamos la necesidad que tenemos de salvación: “Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento”. Sólo una conciencia clara del pecado puede iluminar nuestra necesidad de un salvador.

El pueblo de Israel lo va a suplicar, en boca del profeta Isaías, con una gran idea constante de fondo: «Señor, no te acuerdes de quiénes somos nosotros, acuérdate de quién eres tú». Lejos de un chantaje emocional, se trata de un gran acto de humildad que brota del corazón tocado por la experiencia del mal y que se agarra al Señor: “Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador»”.

El salmo abunda en esta misma petición de liberación: “¡Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve!. ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!”, grita Isaías poniendo voz al pueblo. Y continua con una profecía de la encarnación: «Descendiste, y las montañas se estremecieron».

Conciencia de pecado, necesidad de libertador y estremecimiento por las obras divinas. Ya son tres aspectos importantes a tener en cuenta. Añadimos un cuarto aspecto que aparece en la epístola y el evangelio: “¡Velad!”. El mandato de Cristo san Pablo lo explica de otro modo: “Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor”.

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